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Lecturas y Liturgia del 2 de Agosto de 2016

Lecturas de hoy Martes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

 Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO   http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/tiempo_ordinario/17_7_TO.mp3

Hoy, martes, 2 de agosto de 2016
Primera lectura
Lectura del libro de Jeremías (30,1-2.12-15.18-22):


Palabra que Jeremías recibió del Señor: «Así dice el Señor, Dios de Israel: "Escribe en un libro todas las palabras que he dicho. Porque así dice el Señor: "Tu fractura es incurable, tu herida está enconada; no hay remedio para tu llaga, no hay medicinas que te cierren la herida. Tus amigos te olvidaron, ya no te buscan, porque te alcanzó el golpe enemigo, un cruel escarmiento, por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados. ¿Por qué gritas por tu herida? Tu llaga es incurable; por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados, te he tratado así." Así dice el Señor: "Yo cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, me compadeceré de sus moradas; sobre sus ruinas será reconstruida la ciudad, su palacio se asentará en su puesto. De ella saldrán alabanzas y gritos de alegría. Los multiplicaré, y no disminuirán; los honraré, y no serán despreciados. Serán sus hijos como en otro tiempo, la asamblea será estable en mi presencia. Castigaré a sus opresores. Saldrá de ella un príncipe, su señor saldrá de en medio de ella; me lo acercaré y se llegará a mí, pues, ¿quién, si no, se atrevería a acercarse a mí? –oráculo del Señor–. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios."»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 101,16-18.19-21.29 y 22-23

R/. El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria

Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión,
y aparezca su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones. R/.

Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R/.

Los hijos de tus siervos vivirán seguros,
su linaje durará en tu presencia,
para anunciar en Sión el nombre del Señor,
y su alabanza en Jerusalén,
cuando se reúnan unánimes los pueblos
y los reyes para dar culto al Señor. R/.

Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,22-36):

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»
Él le dijo: «Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.»
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto, y cuantos la tocaron quedaron curados.

Palabra del Señor

Liturgia Diaria Martes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

Hoy, martes, 2 de agosto de 2016
MARTES

Introducción

Es de lamentar que el Leccionario haya omitido aquella parte de la observación de Jesús que da el fundamento de este episodio: “ ¿Y por qué ustedes quebrantan el precepto de Dios en nombre de su tradición (de ustedes)?” (v.3). Jesús redefine el verdadero sentido de pureza. Uno es puro no por las abluciones rituales, sino por la fidelidad a la ley de Dios. Las tradiciones y costumbres humanas que obstaculizan la ley de Dios deben ser abolidas. Y además, el espíritu de la ley es lo que realmente cuenta, no la letra.

Colecta
Padre, Dios de la Alianza eterna:
Nos has vinculado a ti
con importantes lazos de amor eterno;
y las palabras que nos diriges son espíritu y vida.
Abre nuestros corazones a tus palabras,
para que nos toquen
en lo más íntimo de nuestro corazón.
Que nos impulsen a servirte
no de una manera servil,
sino con actitud filial, como hijos e hijas tuyos
que te aman y a quienes has otorgado la libertad
por medio de tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Por la Iglesia, para que no sustituya el evangelio con ritos y leyes de invención humana, sino que le ofrezca al pueblo la libertad, la amabilidad y la inspiración de Cristo, roguemos al Señor.
Por los que no conocen a Cristo, para que descubran la ley de Dios escrita en sus corazones y encuentren la salvación por la integridad de sus vidas y el amor a su prójimo, roguemos al Señor.
Por todos los que participan en la mesa del Señor, para que aprendan de Jesús que el amor es el corazón de la ley y que el verdadero amor sabe cómo servir generosa y desinteresadamente, roguemos al Señor.

Oración sobe las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Traemos hoy ante ti nuestra disponibilidad
para responder a tu amor.
Fortalécenos con el cuerpo y la sangre
de tu Hijo Jesucristo,
para que con él nos dediquemos a ti
con toda nuestra mente y corazón,
y para que seamos capaces
de comunicar tu amor y tu sentido de justicia
a todos los que nos rodean.
Concédenoslo por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tu hijo Jesús ha compartido con nosotros,
en esta celebración eucarística,
todo lo que él es.
Danos su Espíritu de discernimiento,
para que nosotros compartamos también
su actitud de apertura a tu voluntad
y a las necesidades de los hermanos.
Ojalá cumplamos así más que la ley
y te sirvamos como tus hijos e hijas libres,
en quienes puedas reconocer a Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Activemos nuestro corazón para buscar en los mandamientos no nuestro propio capricho y nuestra voluntad egoísta, sino la auténtica voluntad de Dios. Que el Espíritu de Dios les dé a ustedes esta sabia actitud interior, y que Dios todopoderoso les bendiga a todos, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.



Comentario al Evangelio de hoy 

Fernando Torres cmf

Este evangelio de hoy comienza con la gente y termina con la gente. Empieza con gente que se va de estar con Jesús saciada, contenta, dispuesta a seguir con su vida. Es el efecto que tiene la presencia de Jesús en nuestras vidas. Y termina con gente que sale al encuentro de Jesús porque se sienten enfermos, necesitados, pobres. Y ponen su esperanza en Jesús. No saben muy bien definir lo que es Jesús pero les basta “tocar siquiera la orla de su manto.”

Por en medio tenemos un relato un poco extraño pero que quizá nos pueda ayudar a entender un poco mejor la vida, y el cansancio, del evangelizador, del que da su vida por el Reino.

Jesús se queda sólo porque no sólo despide a la gente. También hace que sus discípulos se suban a la barca para cruzar el lago. Se queda porque quiere orar. Dicho en otras palabras: un poco de tranquilidad que le ayude a salir de la multitud de manos que se le acercan pidiendo. Y en el silencio reconectar con el que es el origen de todo, de su misión, de su vida. Encontrarse con el Padre, con su Abbá.

Pero por medio están también los discípulos que van en la barca, atravesando el lago. Y está el viento y las olas que convierten la barca en un lugar muy poco seguro. La barca, con el mar en calma, puede ser un lugar precioso, lleno de belleza. Pero una barca en medio de una tormenta es una ocasión para que nos salgan a la superficie los miedos más profundos. Y la pregunta: ¿Por qué tengo que hacer esto? Con lo tranquilo que podía estar en mi casa, quién me manda colaborar en la catequesis o meterme de mediador en los conflictos, o echar una mano a los necesitados o esforzarme porque en la familia nos entendamos mejor. Surgen todas esas preguntas y muchas más.

Y brota, también de lo profundo, la oración: “Señor, sálvame.” Señor, estoy cansado. Ya no puedo más. Ahora soy yo el que necesito cuidados y atención y cariño. No puedo más.

Para esos momentos, es para cuando tenemos que guardar siempre en nuestra mente y en nuestro corazón las palabras de Jesús, aunque sea en diferente orden: “¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? ¡Ánimo, soy yo, no tengas miedo!”

Y, ya puestos, aprender de Jesús a tomarnos algunos momentos de tranquilidad, de silencio, de paz, para reconectar con el que es el origen de todo, de nuestra vida y de nuestra misión: con Jesús. Pero no para quedarnos ahí, en una especie de nirvana, que nos sitúa fuera del mundo. Porque pronto hay que llegar a la orilla donde nos esperan los que sufren, los marginados, los abandonados, los enfermos, todos los que necesitan una mano amiga que les haga entender el amor inmenso con que Dios los ama.
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