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Lecturas y Liturgia del 22 de Agosto de 2016

Lecturas del Santa María Virgen, reina

Fuente:  Ciudad Redonda
MISA   http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/tiempo_ordinario/21_2_TO.mp3

Lunes, 22 de agosto de 2016
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (9,1-3.5-6):

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín. Porque la vara del opresor, y el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián. Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: «Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz.» Para dilatar el principado, con una paz sin límites, sobre el trono de David y sobre su reino. Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre. El celo del Señor de los ejércitos lo realizará.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 112,1-2.3-4.5-6.7-8

R/. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R/.

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R/.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? R/.

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,26-38):

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Santa María Virgen, reina

Lunes, 22 de agosto de 2016
Introducción
“De hoy en adelante me felicitarán todas las generaciones”, canta María. ¿Qué significa llamar a María, la humilde virgen, bendita o bienaventurada? Significa nada más y nada menos que estamos llenos de admiración, y que queremos adorar la maravilla (Jesús) que el Espíritu cultivó en su seno; que interpretamos desde ella que Dios mira a la humilde sierva y la alza a la altura; que la venida de Dios a este nuestro mundo no busca lo alto sino lo profundo; que la gloria de Dios consiste en hacer grande lo que es pequeño. Llamar a María bienaventurada significa que, junto con ella, meditamos con admiración los caminos de Dios, que deja al Espíritu soplar donde quiere; obedecerle y decir humildemente con María: “Hágase en mí según tu palabra.” (Bonhoeffer)


Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
La madre sin pretensiones de tu Hijo
no quería ser más que tu humilde sierva.
Permítenos honrarla como nuestro modelo y nuestra reina,
de fe sincera y profunda
y de modesto y fiel servicio
a tus planes sobre tu Hijo y sobre el mundo.
Que sus oraciones nos imbuyan con su espíritu.
Te lo pedimos por medio de su Hijo,
Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Con toda sencillez colocamos ante ti
estos signos de pan y vino.
Que aprendamos de tu Hijo y de su madre María
a aceptar cualquier misión que nos encomiendes
y a decir de todo corazón;
“Que se haga en mí según tu palabra.”
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.




Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Con María Reina nos regocijamos hoy
porque en ella y para ella hiciste grandes cosas.
Que nuestra generación te alabe a ti y a ella
viviendo para tu Hijo y para nuestro prójimo,
esté cerca o lejos,
con un fuerte espíritu de servicio y de entrega
y con grande y confiada fe.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.






Comentario al Evangelio del 

Óscar Romano, cmf
A la paz de Dios:

A los seis meses… A los ocho días. Dios en hechuras humanas. Celebramos en este día la coronación de la Virgen María como Reina y Señora de todo lo creado. El cuarto misterio glorioso del rosario. La fiesta de hoy enlaza con lo celebrado hace justo una semana: la Asunción de la Virgen.

Tomo las palabras de Michel Quoist: “Mi mejor invento es mi madre”.

Mi mejor invento, dice Dios, es mi madre. Me faltaba una madre y me la hice. Hice Yo a mi madre antes que ella me hiciese. Así era más seguro. Ahora sí que soy hombre como todos los hombres. Ya no tengo nada que envidiarles, porque tengo una madre, una madre de veras. Sí, eso me faltaba.

Mi madre se llama María, dice Dios. Su alma es absolutamente pura y llena de gracia. Su cuerpo es virginal y habitado de una luz tan espléndida, que cuando Yo estaba en el mundo no me cansaba nunca de mirarla. ¡Qué bonita es mi madre! Tanto, que dejando las maravillas del cielo nunca me sentí desterrado junto a ella. Y fíjense si sabré Yo lo que es ser llevado por los ángeles..., pues bien: eso no es nada junto a los brazos de una madre, créanme.

Mi madre ha muerto, dice Dios. Cuando me fui al cielo Yo la echaba de menos. Y ella a Mí. Ahora me la he traído a casa, con su alma, con su cuerpo, bien entera. Yo no podía portarme de otro modo. Debía hacerlo así. Era lo lógico. ¿Cómo iban a secarse los dedos que habían tocado a Dios? ¿Cómo iban a cerrarse los ojos que Lo vieron? Y los labios que lo besaron ¿creen que podrían marchitarse?

No, aquel cuerpo purísimo, que dio a Dios un cuerpo, no podía pudrirse en la tierra. ¿O no soy Yo el que manda? ¿De qué iba a sírveme, si no, el ser Dios? Además, dice Dios, también lo hice por mis hermanos los hombres: para que tengan una madre en el cielo, una madre de veras, como las suyas, en cuerpo y alma. La mía.

Bien. Hecho está. La tengo aquí conmigo, desde el día de su muerte. Su asunción, como dicen los hombres. La madre ha vuelto a encontrar a su Hijo, y el hijo a la madre, en cuerpo y alma, el uno junto al otro, eternamente.

Ah, si los hombres adivinasen la belleza de este misterio... Ellos la han reconocido al fin oficialmente. Mi representante en la tierra, el Papa, lo ha proclamado solemnemente. ¡Da gusto, dice Dios, ver que se aprecian los dones que uno hace! Aunque la verdad es que el buen pueblo cristiano ya había presentido ese misterio de amor de hijo y de hermano...

Y ahora que se aprovechen, dice Dios. En el cielo tienen una madre que les sigue con sus ojos, con sus ojos de carne. En el cielo tienen una madre que los ama con todo su corazón, con su corazón de carne. Y esa madre mía. Y me mira a Mí con los mismos ojos que a ellos, me ama con el mismo corazón.

Ah, si los hombres fueran pícaros... Bien se aprovecharían. ¿Cómo no se darán cuenta de que Yo a ella no puedo negarle nada? ¡Qué quieres! ¡Es mi madre! Yo lo quise así. Y bien... no me arrepiento. Uno junto al otro, cuerpo y alma, eternamente Madre e Hijo...

El final grande de la Virgen tiene un origen pequeño. Las cosas de Dios, ¡grandes!, siempre tienen principios pequeños: una pequeña ciudad, una mujer sencilla, prometida de un carpintero…

La presencia de Dios llena de luz la estancia y de alegría el corazón. ¡Alégrate! ¡El Señor está contigo! Y tras la sorpresa la tarea: serás madre, ¡serás Madre de Dios! María solo puede ofrecer su pequeñez. Justo lo que Dios quiere: el Todopoderoso elige al “tododébil”. Y todo como regalo: el Espíritu vendrá sobre ti y te cubrirá con su fuerza. ¡Que se cumpla! Y se cumplió. Bien cumplido.

Lo que ocurrió entonces se repite cuando hay un corazón generoso: alegría, asombro, tarea, duda, confirmación de la misión, respuesta entregada, cumplimiento.

Vuestro hermano y amigo

Óscar Romano
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