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Lecturas y Liturgia del 28 de Agosto de 2016

Lecturas del Domingo 22º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Fuente:  Ciudad Redonda
MISA   http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_198.mp3

Domingo, 28 de agosto de 2016
Primera lectura
Lectura del libro del Eclesiástico (3,17-18.20.28-29):


Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso. Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios; porque es grande la misericordia de Dios, y revela sus secretos a los humildes. No corras a curar la herida del cínico, pues no tiene cura, es brote de mala planta. El sabio aprecia las sentencias de los sabios, el oído atento a la sabiduría se alegrará.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 67,4-5ac.6-7ab.10-11

R/. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres

Los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad en su honor;
su nombre es el Señor. R/.

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R/.

Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh Dios, preparó para los pobres. R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta a los Hebreos (12,18-19.22-24a):

Vosotros no os habéis acercado a un monte tangible, a un fuego encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni habéis oído aquella voz que el pueblo, al oírla, pidió que no les siguiera hablando. Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Lucas (14,1.7-14), del domingo, 28 de agosto de 2016
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Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,1.7-14):

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: "Cédele el puesto a éste." Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: "Amigo, sube más arriba." Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
Y dijo al que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo 22º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Domingo, 28 de agosto de 2016
Un Buen Lugar Para Todos

Saludo (1Cor, 7 y 1,31)
¿Qué poseen ustedes que no lo hayan recibido?
Si todo lo que tienen lo han recibido como don,
entonces, ¿por qué vanagloriarse de ello?
Si alguien debe vanagloriarse,
que se vanaglorie en el Señor.
Que el Señor, el dador de vida, esté con ustedes.

Introducción por el Celebrante
¿Cómo miramos a otros, y a nosotros mismos, en relación a ellos? ¿Despreciamos a otros, al menos a alguien, y nos consideramos más importantes, como personas dignas de consideración y de honores?
El mensaje de hoy es claro: En el Reino hay un buen lugar para todos y para cada uno. Si hubiera de haber alguna preferencia, habría de ser para los pobres, los discapacitados, los humildes, ya que Dios les otorga el primer lugar, y son los favoritos de Jesús. El mismo Jesús nos pregunta aquí y ahora: ¿Qué lugar eligen ustedes y qué lugar ceden a los demás?


Acto Penitencial
Nosotros buscamos honores y ventajas para nosotros mismos,
incluso quitando de en medio a los demás, a codazos,
para ser nosotros los primeros.
Pedimos ahora al Señor y a los hermanos que nos perdonen.
(Pausa)
Señor Jesús, tú viniste a vivir entre nosotros
no para ser servido sino para servir:
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, tú invitas a todos a la mesa de tu banquete de fiesta:
la Eucaristía:
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú viniste a llamar
no a los sanos, sino a los enfermos:
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor,
y perdona nuestra soberbia
y nuestra hambre de reconocimiento y de honores.
Admítenos a tu mesa
y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos a Dios, que nos invita a todos a su Reino.
(Pausa)
Oh Padre nuestro:
Tú alzas a los humildes;
y tu Hijo Jesús vino a nuestro mundo
como el servidor de todos
y cuidó con cariño a los desamparados.
Haz que, con él y como él,
respetemos y apreciemos a los débiles,
a los indefensos y a los humildes,
y que aceptemos con agrado contarnos entre ellos.
Disponnos a ayudarles y también a buscar su ayuda
porque tú también has derramado
tu misericordia sobre nosotros
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura (Eclo 3,17-20.28-29): Cuanto más Grande, más Humilde
No podemos estar abiertos a la gracia de Dios, si no ponemos a un lado nuestra soberbia. La gente aprecia nuestra falta de pretensiones y ve a través de nuestra vanagloria.

Segunda Lectura (Heb 12,18-19.22-24): Jesús es Nuestro Salvador y Nuestra Alianza
Por medio de Jesús, el mediador de la Nueva Alianza, los cristianos, aun en la tierra, están ya como si vivieran como ciudadanos del cielo.

Evangelio (Lc 14,1.7-14): Ven más Arriba, Amigo
En su Reino, Dios invita a los que se reconocen humildes y necesitados de salvación. Así mismo, el seguidor de Cristo invita a los pobres y a los humildes.

Oración de los Fieles
Procuremos que los últimos y los más humildes a los ojos de la gente, sean los primeros en nuestra oración al Padre. Y así digamos: R/ Señor, ven y sálvanos.
Señor, en nuestro mundo los poderosos son aplaudidos, pero los humildes son despreciados. Recuerda a los humildes. Así te lo pedimos:
Señor, en nuestro mundo tantas veces los pobres se vuelven cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos. Recuerda a los desposeídos y a los necesitados. Así te lo pedimos:
Señor, en nuestros hogares muchos enfermos, los ancianos, los débiles y los solitarios, son con frecuencia descuidados y abandonados. Recuerda, Señor, a todos los que sufren. Así te lo pedimos:
En muchos países -incluido el nuestro- hay mucha gente sin hogar y son refugiados, que no tienen ni “piedra donde reclinar su cabeza”. Recuérdalos a todos, Señor. Así te lo pedimos:
Muchos niños y ancianos sólo tienen la calle donde vivir y dormir; también muchos encarcelados son totalmente orillados y olvidados. Recuérdalos a todos, Señor. Así te lo pedimos:
Hay mucha gente por la que nadie ruega, y hay gente que nos hiere y aflige. Recuérdalos a todos ellos, Señor. Así te lo pedimos:
Señor, dígnate escuchar las súplicas de los que confían en ti. Ayúdanos a acordarnos, contigo, de nuestras hermanas y hermanos más pequeños y humillados. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios, Padre nuestro:
Tú no tienes en cuenta la pobreza de nuestros corazones
y nos otorgas un sitio de honor
en el banquete eucarístico de tu Hijo.
Danos la gracia de aprender de él
a estar al servicio de todos,
para que tú también nos des un sitio,
por muy bajo que sea,
en el banquete de la fiesta eterna
de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
La soberbia está en la raíz de muchos pecados. Cristo vino a deshacer nuestra soberbia, obedeciendo humildemente la voluntad del Padre. Nosotros nos unimos con humildad a Cristo en su sacrificio.

Invitación al Padre Nuestro
Conscientes de nuestras limitaciones,
esperamos todo lo bueno de Dios
y así oramos con Jesús nuestro Señor:
R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de toda soberbia,
que nos predispone unos contra otros
y que nos inclina a no servir con agrado.
Líbranos del mal espíritu
de buscar fama y ganancia a expensas de otros,
incluso cuando intentamos servirnos unos a otros
y trabajar juntos para la venida gloriosa
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/ Tuyo es el Reino…

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor, que nos invita a su banquete.
Él viene a buscarnos en el lugar más humilde
y nos dice que subamos más arriba.
R/ Señor, no soy digno





Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Aquí estamos ante ti como huéspedes
invitados por tu Hijo Jesús a su mesa eucarística.
Te damos gracias porque nos ha aceptado
sin juzgarnos ni condenarnos, aunque nuestra fe no sea clara
y con frecuencia cojeemos cuando intentamos seguirle.
Disponnos interiormente
para que nosotros también, como él,
aceptemos como amigos y huéspedes
a los pobres y a los débiles,
justamente como tú nos has aceptado a nosotros.
en Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Si queremos que el Señor viva entre nosotros, sólo hay un lugar apropiado: el último lugar, el lugar de gente que sabe servir. No cabe pretender ser lo que en realidad no somos.
Y ante Dios todos somos pequeños, no podemos reclamar ningún mérito.
Ojalá sea ésta nuestra actitud, con la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.


Comentario del Domingo 22º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

«Los invitados elegían los primeros puestos»
Rev. D. Enric PRAT i Jordana
(Sort, Lleida, España)


Hoy, Jesús nos da una lección magistral: no busquéis el primer lugar: «Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto» (Lc 14,8). Jesucristo sabe que nos gusta ponernos en el primer lugar: en los actos públicos, en las tertulias, en casa, en la mesa... Él conoce nuestra tendencia a sobrevalorarnos por vanidad, o todavía peor, por orgullo mal disimulado. ¡Estemos prevenidos con los honores!, ya que «el corazón queda encadenado allí donde encuentra posibilidad de fruición» (San León Magno).

¿Quién nos ha dicho, en efecto, que no hay colegas con más méritos o con más categoría personal? No se trata, pues, del hecho esporádico, sino de la actitud asumida de tenernos por más listos, los más importantes, los más cargados de méritos, los que tenemos más razón; pretensión que supone una visión estrecha sobre nosotros mismos y sobre lo que nos rodea. De hecho, Jesús nos invita a la práctica de la humildad perfecta, que consiste en no juzgarnos ni juzgar a los demás, y a tomar conciencia de nuestra insignificancia individual en el concierto global del cosmos y de la vida.

Entonces, el Señor, nos propone que, por precaución, elijamos el último sitio, porque, si bien desconocemos la realidad íntima de los otros, sabemos muy bien que nosotros somos irrelevantes en el gran espectáculo del universo. Por tanto, situarnos en el último lugar es ir a lo seguro. No fuera caso que el Señor, que nos conoce a todos desde nuestras intimidades, nos tuviese que decir: «‘Deja el sitio a éste’, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto» (Lc 14,9).

En la misma línea de pensamiento, el Maestro nos invita a ponernos con toda humildad al lado de los preferidos de Dios: pobres, inválidos, cojos y ciegos, y a igualarnos con ellos hasta encontrarnos en medio de quienes Dios ama con especial ternura, y a superar toda repugnancia y vergüenza por compartir mesa y amistad con ellos.
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