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Lecturas y Liturgia del 20 de Septiembre de 2016

Lecturas de hoy Martes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario.

Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/25_3_TO.mp3

Hoy, martes, 20 de septiembre de 2016
Primera lectura
Lectura del libro de los Proverbios (21,1-6.10-13):


Resultado de imagen para El corazón del rey es una acequia en manos de Dios, la dirige adonde quiereEl corazón del rey es una acequia en manos de Dios, la dirige adonde quiere. Al hombre le parece siempre recto su camino, pero es Dios quien pesa los corazones. Practicar el derecho y la justicia Dios lo prefiere a los sacrificios. Ojos altivos, mente ambiciosa, el pecado es el distintivo de los malvados. Los planes del diligente traen ganancia, los del atolondrado traen indigencia. Tesoros ganados por boca embustera son humo que se disipa y lazos mortales. Afán del malvado es buscar el mal, no mira con piedad a su prójimo. Cuando el cínico la paga, aprende el inexperto, pero el sensato aprende con la experiencia. El honrado observa cómo la casa del malvado precipita al malvado en la ruina. Quien cierra los oídos al clamor del necesitado no será escuchado cuando grite.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 118

Resultado de imagen para Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos  Dichoso el que, con vida intachable
R/. Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos

Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del Señor.R/.

Instrúyeme en el camino de tus decretos,
y meditaré tus maravillas. R/.

Escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos. R/.

Enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón. R/.

Guíame por la senda de tus mandatos,
porque ella es mi gozo. R/.

Cumpliré sin cesar tu voluntad,
por siempre jamas. R/.

Resultado de imagen para En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermano,Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Lucas (8,19-21):


En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermano, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces lo avisaron: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.»
Él les contestó: «Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra.»

Palabra del Señor

Liturgia Diaria Martes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario.

Hoy, martes, 20 de septiembre de 2016
SI SENTIMOS DOLOR, NOS QUEJAMOS
Resultado de imagen para En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermano,(Año II. Job 3,1-3. 11-7. 20-23; Lc 9, 51-56)
Introducción
Año II. Job ora a voz en grito quejándose al Señor por su vida miserable. No puede con ella, no ve ningún sentido en el dolor y la desgracia, y le pregunta a Dios por qué.--- Jesús sabe cómo asumir el sufrimiento. No huye de él, porque acepta las consecuencias de su misión: ser fiel, cueste lo que cueste, a su misión de amor de reconciliar al pueblo con su Padre y de salvarnos.
Evangelio. El profeta Elías no encontró a Dios en el viento huracanado o en el terremoto o en el fuego, sino en la suave brisa. Los “Hijos del trueno”, Santiago y Juan, querían que cayera fuego sobre el pueblecito de Samaria que no quiso recibir a Jesús, pero Jesús les reprende. La violencia no es camino de Dios.


Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Sabemos que nos amas
y que ni el sufrimiento ni el dolor,
e incluso ni la muerte, nos pueden separar de ti.
No nos tomes demasiado en serio cuando nos quejamos,
cuando somos impacientes contigo,

con nosotros mismos y con la gente que nos rodea.
Mantén siempre delante de nosotros la imagen de tu Hijo
que no pudo ser disuadido de su misión;
y danos la gracia de seguirle,
porque él es nuestro Señor y Salvador
ahora y por los siglos de los siglos.

Intenciones
Señor Jesús, perdónanos si gritamos desesperadamente nuestro dolor cuando nos es difícil soportarlo. Ayúdanos, te rogamos. R/ Ven en nuestra ayuda, Señor.

Señor Jesús, ayuda especialmente a la gente deshecha interiormente, desalentada y sola, para que sepan llevar sus cruces unidos a Cristo Sufriente, te rogamos. R/ Ven en nuestra ayuda, Señor.
Señor Jesús, para que los que sufren larga y penosa enfermedad sientan tu presencia amorosa y consoladora, sobre todo por la cercanía y el cuidado cariñoso de sus hermanos cristianos, te rogamos. R/ Ven en nuestra ayuda, Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Sentados como estamos a la mesa de tu Hijo
elimina de nuestros corazones
toda amargura e impaciencia.
Tú no nos eliminaste con fuego bajado del cielo
cuando pecamos contra ti y contra los hermanos.

Anímanos con el fuego del amor
y danos el pan de fortaleza de tu Hijo,.
Con él te ofrecemos nuestras penas, nuestra impaciencia,
y también nuestra alegría y amor.
Dígnate concedernos esto,
en el nombre de Jesús, el Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios, rico en paciencia y amor:
Sabemos cuánto nos amas
y cómo quieres que seamos felices.
Según tu misterioso designio,
tu Hijo pagó muy alto precio
a causa de nuestra soberbia y egoísmo.

Por medio de esta eucaristía restáuranos,
guarda firmes nuestra fe y esperanza en ti
y haznos disponibles para vivir,
y, si es necesario, con dolor y esfuerzo
con ellos y por ellos,
como hizo Jesús, tu Hijo,
que vive contigo y permanece con nosotros ahora
y, así los esperamos, por los siglos de los siglos amén.

Bendición
Hermanos: Sí, tenemos cerca al Señor, que fue crucificado, y somos sus seguidores. Pero algunas veces nos olvidamos y nos quejamos con demasiada facilidad. Naturalmente, el dolor hiere y no tenemos que solicitarlo o pedirlo.
Que Dios todopoderoso esté siempre al lado de ustedes y les bendiga, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.



Comentario al Evangelio de hoy 

Una vez más el Evangelio nos ayuda a clarificar nuestra idea de lo que es el reino de que nos habla Jesús. Y, en consecuencia, lo que debería ser la vida en este mundo lleno de personas, de hijos e hijas de Dios.

Jesús no da puntada sin hilo. Y aprovecha cualquier momento y cualquier situación para explicar lo que Dios quiere de nosotros. Le dicen que le están buscando su madre y sus hermanos. Otro, yo mismo, habríamos dejado en seguida lo que fuere que estuviésemos haciendo para ir en su busca. Mis padres y mis hermanos son mi familia, la relación más cercana. Son carne de mi carne y sangre de mi sangre. Por ellos doy mi vida. A ellos los voy a defender a muerte. Con ellos me voy a doler de sus dolores y me alegraré de sus alegrías. Incluso si uno de ellos se aparta de la familia, siempre tendrá la puerta abierta. Y estamos dispuestos a la reconciliación y al olvido, a mirar a otro lado, porque la familia... Los momentos vividos en familia (fiestas, cumpleaños, nacimientos, defunciones...) quedan ahí, para siempre, en nuestra memoria. Estoy seguro de que Jesús sentía también así a su familia.

Pero, como decía, Jesús aprovecha todo para que entendamos el mensaje del reino. Y el centro de ese mensaje es algo muy sencillo: somos la familia de Dios. Es que somos materialmente fruto de sus manos, su creación amada. Más allá de lo que hagamos o no hagamos. Dios es nuestro creador y nuestro padre. Y como cualquier padre no puede negar el cariño a sus hijos. Pase lo que pase. Con nosotros se duele de nuestros dolores y se alegra con nuestras alegrías. Sufre nuestros errores y meteduras de pata. Es posible que nos alejemos de él pero él no se alejará de nosotros porque nos lleva en su corazón.

En Jesús, en el Reino, la familia de la carne y de la sangre queda superada por la nueva familia del Reino. Por encima de todas las fronteras (razas, lenguas, culturas, naciones, sexo, ideologías, formas de pensar y todo lo que se nos pueda ocurrir que pueda marcar distancias y fronteras entre unas personas y otras, está el amor de nuestro Padre. Si nosotros damos cosas buenas a nuestros hijos, cuánto más lo hará nuestro Padre del cielo...

Ya sé que alguno está pensando que Jesús pone una condición: “su madre y sus hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.” Es verdad. Pero, por coherencia con el resto del mensaje evangélico, prefiero pensar, que esos –los que escuchan la palabra y la viven– son los más felices porque son conscientes de lo que son: hijos de Dios. Y esa es una gran felicidad. Pero eso no significa que los otros –los que no conocen el mensaje o, por las razones que sean, no lo viven– no sean también parte de la familia querida de Dios. Y quizá más amados por estar más alejados.
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