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Lecturas y Liturgia del 23 de Septiembre de 2016

Lecturas del Viernes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario


Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/25_6_TO.mp3


Viernes, 23 de septiembre de 2016
Primera lectura
Lectura del libro del Eclesiastés (3,1-11):

Resultado de imagen para Todo tiene su tiempo y sazón, todas las tareas bajo el sol: tiempo de nacer,
Todo tiene su tiempo y sazón, todas las tareas bajo el sol: tiempo de nacer, tiempo de morir; tiempo de plantar, tiempo de arrancar; tiempo de matar, tiempo de sanar; tiempo de derruir, tiempo de construir; tiempo de llorar, tiempo de reír; tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar; tiempo de arrojar piedras, tiempo de recoger piedras; tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse; tiempo de buscar, tiempo de perder; tiempo de guardar, tiempo de desechar; tiempo de rasgar, tiempo de coser; tiempo de callar, tiempo de hablar; tiempo de amar, tiempo de odiar; tiempo de guerra, tiempo de paz. ¿Qué saca el obrero de sus fatigas? Observé todas las tareas que Dios encomendó a los hombres para afligirlos: todo lo hizo hermoso en su sazón y dio al hombre el mundo para que pensara; pero el hombre no abarca las obras que hizo Dios desde el principio hasta el fin.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 143,1a.2abc.3-4
Resultado de imagen para Bendito el Señor, mi Roca  Bendito el Señor, mi Roca, mi bienhechor, mi alcázar,
R/. Bendito el Señor, mi Roca

Bendito el Señor, mi Roca,
mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio. R/.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?;
¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,18-22):

Resultado de imagen para Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.»
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Viernes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario

Viernes, 23 de septiembre de 2016
HAY UN TIEMPO PARA TODO
(Ecl 3,1-11; Lc 9,18-22)

Resultado de imagen para Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»Introducción
A la luz de Cristo, el famoso pasaje del Eclesiastés de que hay tiempo para cada cosa, llega a ser mucho más positivo que en el pensamiento del autor. Éste se queda perplejo, ya que Dios hace todo a su debido tiempo, sin embargo el ciclo sin fin de cambio desconcierta al pueblo y no sabe cómo ver el momento correcto, ya que Dios ha puesto la eternidad en su corazón. Pero el cristiano sabe que marcha hacia adelante hacia un futuro en Dios; para él el cambio significa las riquezas de la variedad y la oportunidad para ver el momento preciso y usarlo bien al servicio del reino.
Evangelio. Jesús nos pregunta a cada uno de nosotros hoy no lo que otros dicen sobre él, sino quién es él para nosotros y qué significa para nosotros. La respuesta que espera de nosotros no consiste en largas declaraciones, sino la respuesta viva de nuestras vidas y de nuestra conducta.

Oración Colecta
Oh Dios:
En tu sabiduría infinita
tú ordenas el curso del tiempo
y diriges al mundo y al pueblo
a su destino que acaba en ti.
Tú todo lo haces bien.

Haznos ver con los ojos de la fe
las oportunidades que tú nos das en cada momento.
Ayúdanos a usar nuestro tiempo y nuestra vida
y todos tus buenos dones
para, piedra a piedra, construir tu reino,
hasta que tú lo completes en tu buena Hora,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Señor, hay un tiempo para orar y un tiempo para actuar. Danos la gracia de encontrar tiempo para ambos, roguemos al Señor.
Señor, hay un tiempo para pensar en nuestro prójimo. Danos la gracia de poder servir humilde y generosamente a nuestros hermanos, roguemos al Señor.
Señor, hay un tiempo para trabajar por tu reino. Danos la gracia de que con cualquier cosa que hagamos sirvamos al mismo reino, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Éste es el tiempo, Señor Dios nuestro,
de darte gracias y alabanza
por tus dones de vida y amor
por medio de Jesucristo, nuestro Señor.
Con este pan y este vino
te ofrecemos el día de hoy por medio de él:
las alegrías y los fallos del pasado
y las visiones y sueños de esperanza del futuro.
Estamos seguros de ti y confiamos en ti,
a causa de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Nacimiento y muerte,
risas y lágrimas,
enfermedad y curación...
Oh Dios, estos son preciosos regalos
que vienen de tus manos.
Colma todos estos dones
con la vida, el amor,
y la eterna presencia
de aquél que es nuestro pan de vida,
Jesucristo nuestro hermano,
para que cada día llegue a ser
un bendito “Día del Señor.”
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.

Bendición
Hermanos: Hay un tiempo para cada cosa. Hay un tiempo para nuestro trabajo y para nuestra familia, para encontrarnos con amigos, para descanso y para recreación. Y sin embargo, cualquier cosa que hagamos lo haremos en el nombre del Señor.
Y que Dios les bendiga, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.




Comentario al Evangelio del 

Pedro, siempre Pedro. El primero de entre los apóstoles. Parece que Jesús lo nombró como tal para que nos sirviese de modelo en todo. En su fuerza vital, en su capacidad de respuesta. Pero también en su debilidad, en su fragilidad, en su miedo. Quizá para que se viese con más claridad de dónde proviene la fuerza que anima la vida del cristiano, el valor del tesoro que llevamos en nuestras pobres vasijas de barro.

El Evangelio de hoy nos sitúa en un momento crucial de la vida pública de Jesús. Ha pasado la primavera gloriosa de Galilea, cuando las multitudes seguían a Jesús, cuando parecía que aquel movimiento se iba haciendo tan fuerte que podría cambiar el rumbo de la historia en un santiamén. Todo era bonito. Todo eran sonrisas. Todo era esperanza. Porque en primavera siempre nos parece todo más bonito. Pero pasa que a la primavera le sigue el verano, ya a veces muy duro, y luego el otoño y el invierno. Algo así le pasó a Jesús y a los que le seguían. Comenzó la oposición de las autoridades oficiales de la religión judía del tiempo. Los que le seguían comenzaron a ver que estar con Jesús no era sólo un paseo poético por el campo. Seguir a Jesús implicaba comprometerse, cambiar la vida, arriesgar sin estar muy seguros de adónde les llevaría aquel camino. Había empezado en Galilea pero ¿dónde terminaría? Había nubarrones de tormenta en el horizonte. Algunos, muchos, se empezaron a ir, a volverse a sus casas, a dejar a Jesús.

En ese momento es cuando se produce esta escena. Jesús pone en un brete a sus discípulos: “¿Quién decís que soy yo?” Ya no vale responder con lo que dice la gente. Ahí se tiene que poner cada uno en pie y decir lo que de verdad piensa. Ahí es donde sale Pedro. Da un paso adelante y responde: “El Mesías de Dios”.

Es sincero. Es lo que piensa. Otra cosa es que sepa o pueda respaldar esa afirmación con su propia vida. Los mismos Evangelios se encargarán de decirnos que no, que Pedro es frágil, que es miedoso, que, cuando llega la dificultad es capaz de negar haber conocido nunca a Jesús. En definitiva, que por salvar el pellejo es capaz de dejar de lado al Mesías.

Pero Pedro es también el que se arrepiente, el que reconoce su debilidad y pide perdón y vuelve a intentarlo. Siempre vuelve a intentarlo. Por muchas veces que fracase. Todo un ejemplo para nosotros. Quizá Jesús lo puso ahí, de líder de los apóstoles, como ejemplo para todos nosotros. Para que no nos desanimemos con nuestros errores repetidos, para que volvamos a intentarlo siempre. Porque la gracia y el amor de Dios es más grande que todos nuestros errores y fracasos juntos. Y vale la pena.
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