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Lecturas y Liturgia del 15 de Octubre de 2016

Lecturas del Santa Teresa de Jesús


Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/tiempo_ordinario/29_1_TO.mp3

Sábado, 15 de octubre de 2016
Primera lectura
Lectura del libro del Eclesiástico (15,1-6):

Resultado de imagen para El que teme al Señor obrará así, observando la ley, alcanzará la sabiduría.
El que teme al Señor obrará así, observando la ley, alcanzará la sabiduría. Ella le saldrá al encuentro como una madre y lo recibirá como la esposa de la juventud; lo alimentará con pan de sensatez y le dará a beber agua de prudencia; apoyado en ella no vacilará y confiado en ella no fracasará; lo ensalzará sobre sus compañeros, para que abra la boca en la asamblea; lo llena de sabiduría e inteligencia, lo cubre con vestidos de gloria; alcanzará gozo y alegría, le dará un nombre perdurable.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 88,2-3.6-7.8-9.16-17.18-19
Resultado de imagen para Sal 88
R/. Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos? R/.

Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean. R/.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,25-30):

Resultado de imagen para En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierraEn aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra del Señor

Liturgia del Santa Teresa de Jesús

Sábado, 15 de octubre de 2016
SANTA TERESA DE JESÚS, Virgen, Doctora de la Iglesia

Resultado de imagen para SANTA TERESA DE JESÚS, Virgen, Doctora de la IglesiaIntroducción
Santa Teresa de Jesús (de Ávila) tuvo que crecer y progresar: de ser una monja carmelita tibia y mediocre, a convertirse en una realmente excelente y fervorosa. En su obra “El Castillo Interior” describe su experiencia mística de unión profunda con el Señor. Dios es percibido y sentido con un sentimiento sereno y místico, como viviendo en la más profunda celda del castillo de uno mismo. A pesar de fuerte oposición, Teresa reformó su convento del Carmelo y muchos otros de la Orden Carmelitana, sobre la base de una vida de profunda oración y un profundo sentido de comunidad. Por sus escritos sobre mística llegó a ser la primera mujer declarada oficialmente Doctora de la Iglesia.


Oración Colecta
Oh Dios de vida y amor:
Santa Teresa de Jesús
fue profundamente consciente
de qué manera tan especial tú vives
en lo más profundo de nosotros mismos.

Que ella nos ayude a vivir la vida de Jesús
como sarmientos vivos unidos a la vid,
que den fruto ubérrimo
de justicia, bondad y amor.
Que nuestra unión con Jesús se haga visible
en nuestra apertura a los otros
y en un profundo sentido de oración.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro, centro de nuestras vidas:
Tú plantaste a tu Hijo entre nosotros
como la verdadera vid que da vida.
Que él se nos dé a nosotros
como pan divino que da fuerza
y se derrame a sí mismo a nosotros
como vino vigorizante y unificador,
para que él viva en nosotros y nosotros en él
y para que podamos hacer todas las cosas por él y con él,
porque él es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.

Oración después la Comunión
Oh Dios, centro de nuestra vida:
Te damos gracias por llenarnos
con la savia de la vida de Jesús,
que es nuestra verdadera vid.
Siguiendo el ejemplo de Teresa de Ávila,
que sigamos viviendo en profunda unión
con él y con los hermanos
para que en las incertidumbres de la vida
sigamos creyendo, esperando
y construyendo juntos un reino de amor.
Y, si de nuevo nos desviemos
por caminos de pecado y de egoísmo,
usa tú con fuerza tu podadera
para purificar nuestra fe y nuestro amor.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.



Comentario del Santa Teresa de Jesús

«El que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él»
Fr. Alexis MANIRAGABA
(Ruhengeri, Ruanda)

Hoy, el Señor despierta nuestra fe y esperanza en El. Jesús nos anticipa que tendremos que comparecer ante el ejército celestial para ser examinados. Y aquel que se haya pronunciado a favor de Jesús adhiriéndose a su misión «también el Hijo del hombre se declarará por él» (Lc 12,8). Dicha confesión pública se realiza en palabras, en actos y durante toda la vida.

Esta interpelación a la confesión es todavía más necesaria y urgente en nuestros tiempos, en los que hay gente que no quiere escuchar la voz de Dios ni seguir su camino de vida. Sin embargo, la confesión de nuestra fe tendrá un fuerte seguimiento. Por tanto, no seamos confesores ni por miedo de un castigo —que será más severo para los apóstatas— ni por la abundante recompensa reservada a los fieles. Nuestro testimonio es necesario y urgente para la vida del mundo, y Dios mismo nos lo pide, tal como dijo san Juan Crisóstomo: «Dios no se contenta con la fe interior; Él pide la confesión exterior y pública, y nos mueve así a una confianza y a un amor más grandes».

Nuestra confesión es sostenida por la fuerza y la garantía de su Espíritu que está activo dentro de nosotros y que nos defiende. El reconocimiento de Jesucristo ante sus ángeles es de vital importancia ya que este hecho nos permitirá verle cara a cara, vivir con Él y ser inundados de su luz. A la vez, lo contrario no será otra cosa que sufrir y perder la vida, quedar privado de la luz y desposeído de todos los bienes. Pidamos, pues, la gracia de evitar toda negación ni que sea por miedo al suplicio o por ignorancia; por las herejías, por la fe estéril y por la falta de responsabilidad; o porque queramos evitar el martirio. Seamos fuertes; ¡el Espíritu Santo está con nosotros! Y «con el Espíritu Santo está siempre María (…) y Ella ha hecho posible la explosión misionera producida en Pentecostés» (Papa Francisco).

«El Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir»
+ Rev. D. Albert TAULÉ i Viñas
(Barcelona, España)
Hoy resuenan otra vez las palabras de Jesús invitándonos a reconocerlo ante los hombres. «Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios» (Lc 12,8). Estamos en un tiempo en que en la vida pública se reivindica la laicidad, obligando a los creyentes a manifestar su fe únicamente en el ámbito privado. Cuando un cristiano, un presbítero, un obispo, el Papa..., dice alguna cosa públicamente, aunque sea llena de sentido común, molesta, únicamente porque viene de quien viene, como si nosotros no tuviésemos derecho —¡como todo el mundo!— a decir lo que pensamos. Por más que les incomode, no podemos dejar de anunciar el Evangelio. En todo caso, «el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir» (Lc 12,12). Al respecto, san Cirilo de Jerusalén lo remataba afirmando que «el Espíritu Santo, que habita en los que están bien dispuestos, les inspira como doctor aquello que han de decir».

Los ataques que nos hacen tienen una gravedad distinta, porque no es lo mismo decir mal de un miembro de la Iglesia (a veces con razón, por nuestras deficiencias), que atacar a Jesucristo (si lo ven únicamente en su dimensión humana), o injuriar al Espíritu Santo, ya sea blasfemando, ya sea negando la existencia y los atributos de Dios.

Por lo que se refiere al perdón de la injuria, incluso cuando el pecado es leve, es necesaria una actitud previa que es el arrepentimiento. Si no hay arrepentimiento, el perdón es inviable, el puente está roto por un lado. Por esto, Jesús dice que hay pecados que ni Dios perdonará, si no hay por parte del pecador la actitud humilde de reconocer su pecado (cf. Lc 12,10).
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