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Lecturas y Liturgia del 8 de Octubre de 2016

Lecturas del Sábado de la 27ª semana del Tiempo Ordinario


Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/27_7_TO.mp3

Sábado, 8 de octubre de 2016
Primera lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (3,22-29):

Resultado de imagen para La Escritura presenta al mundo entero prisionero del pecadoLa Escritura presenta al mundo entero prisionero del pecado, para que lo prometido se dé por la fe en Jesucristo a todo el que cree. Antes de que llegara la fe estábamos prisioneros, custodiados por la ley, esperando que la fe se revelase. Así, la ley fue nuestro pedagogo hasta que llegara Cristo y Dios nos justificara por la fe. Una vez que la fe ha llegado, ya no estarnos sometidos al pedagogo, porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis vestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y, si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos de la promesa.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 104,2-3.4-5.6-7
Resultado de imagen para El Señor se acuerda de su alianza eternamente  Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas;
R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente

Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas;
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor. R/.

Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

Evangelio
Resultado de imagen para En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz,Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,27-28):

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»
Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Sábado de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

Sábado, 8 de octubre de 2016
LAS PALABRAS SE CONVIERTEN EN ACCIÓN
Introducción

Resultado de imagen para En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz,Primera Lectura: El pedagogo de quien habla Pablo hoy era el esclavo encargado de la educación de los hijos de la casa. Ése era precisamente el rol de la ley judía. Pero ahora que Cristo ha venido, ese educador ya no es necesario. Ha llegado la fe y nos ha hecho a todos hijos de Dios, ya seamos judíos o paganos, libres o esclavos, hombre o mujer. Sin ninguna distinción pertenecemos a Cristo.
Evangelio. En el evangelio de hoy una mujer admira a Jesús, y quizás con una pizca de celos, exclama que ciertamente la madre de Jesús tiene que ser una mujer afortunada por tener tal hijo. La respuesta de Jesús va más honda, hacia una maternidad más profunda. La maternidad de los que llevan a Jesús, que es la Palabra viva de Dios, en su corazón y en su vida: es decir, aquellos que aceptan y siguen seriamente a Jesús con fe.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo nació a este mundo
de la Bienaventurada Virgen María.
Te alabamos por tu bondad;
pero también te pedimos:

Que tu Hijo nazca en nosotros por la fe,
en nuestras vidas, en nuestras palabras,
en nuestros pensamientos,
en nuestras actitudes
y en todo lo que hacemos.
Y entonces, desde nuestra plenitud,
sepamos compartirlo con los que nos rodean,
ya que el Señor pertenece a todos sin distinción
ahora y por los siglos de los siglos.

Intenciones
Para que seamos agradecidos al Señor Jesús, porque hemos tenido el privilegio de conocerle y amarle, roguemos al Señor.
Para que, con María, roguemos para que la palabra de Dios se cumpla en nosotros, roguemos al Señor.
Para que haya todavía más hombres y mujeres que oigan la palabra de Dios, a ellos fielmente proclamada, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tus hijos e hijas te suplican
que te dignes darles aquí y ahora,
en esta eucaristía,
a tu propio Hijo Jesucristo.

Que él caldee nuestros corazones,
nos haga semejantes a él,
nos llene con su Espíritu Santo,
para que él llegue a estar
plenamente vivo en nosotros y nosotros en él,
y que, a través de nosotros,
su luz brille y disipe las tinieblas de este mundo,
ya que Jesús es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Recréanos de nuevo por medio de tu palabra
y que Jesús, tu Palabra Viviente,
crezca en nosotros día a día.

Que, juntamente con él,
sigamos dominando nuestra autosuficiencia
y aprendamos de él a revivirlo en los otros
con gestos de amor:
con una mano extendida, un gesto de compasión,
una sonrisa de esperanza
para las personas solitarias.

Que él viva en nosotros ahora
y por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: La palabra de Dios no es solo y simplemente palabra, sino también acción. Éste es incluso el significado del vocablo “palabra” en el Antiguo Testamento: significa ambas, palabra y acción. Que la palabra de Dios se convierta en acción en nosotros, acciones de bondad, de amor y servicio.
Y que el Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.


Comentario al Evangelio del 

Fernando Torres cmf

Jesús no tenía miedo de alzar la voz para responder a cualquiera. Como diría un amigo mío, para “poner los puntos sobre las íes.” Estoy seguro de que a Jesús no le disgustó escuchar aquella voz que salió dentre la gente que le escuchaba alabando a su madre y, por ende, al hijo. Estoy seguro de que el que lo dijo quiso expresar una alabanza. Traducido al español más castizo, lo que dijo aquella persona fue algo así como “¡Viva la madre que te parió!” Cualquiera se llenaría de orgullo de lo que es una alabanza para su madre y para uno mismo.

Quiero pensar que Jesús no se enfadó en absoluto. Pero aprovechó la ocasión para dejar claro que en el contexto del reino, estas cosas cambian bastante. Porque Jesús estaba hablando del reino, invitando a los que le escuchaban a entrar en una nueva dinámica de vida y de relación con Dios y con los demás hombres y mujeres. En el reino Dios es nuestro padre y los demás son hermanos y hermanas. Es un cambio fundamental. Es un cambio que rompe todas las distancias que hemos ido creando a lo largo de la historia. Porque los que éramos uno sólo nos hemos ido convirtiendo en muchos diferentes y separados, lejanos y enemigos. Porque, con el paso de los siglos, el otro ha ido dejando de ser hermano para convertirse en competidor, enemigo, amenaza potencial, peligro. Por eso las fronteras, las puertas, las cerraduras, los muros, los guardas de seguridad, y tantas otras cosas que hemos ido creando fruto de nuestro miedo.

Jesús tiene claro que su madre es dichosa no por la relación de sangre que tiene con Jesús sino porque ha entrado en esa dinámica del reino, porque ha escuchado la palabra de Dios y la pone en práctica en su vida diaria. Y eso implica abrir la casa y el corazón a todos los hermanos y hermanas, en definitiva, a todos sin excepción, porque todos somos hermanos y hermanas. Ahí está la verdadera felicidad.

Pablo, en la primera lectura, recoge la esencia y la consecuencia de esta palabra de Jesús. Antes de conocer a Jesús estábamos prisioneros. Pero una vez que hemos conocido a Jesús, nos hemos dado cuenta de la más profunda verdad de nuestra existencia: que somos hijos de Dios, hijos e hijas de su amor, que nos ha creado con todo su cariño. Y que nadie escapa de esa condición. Por más que nos empeñemos en hacer distinciones entre blancos y negros, ricos y pobres, buenos y malos, hombres y mujeres. No hay distinción que valga. Todos somos hijos en el Hijo.

Así que conviene que vayamos empezando a pensar como ciudadanos del reino y herederos de la promesa, que desechemos los prejuicios, que derribemos los muros y fronteras, que miremos a los demás como hermanos y hermanas, que abramos las manos y que las usemos para saludarnos y abrazarnos y ayudarnos y cuidarnos y nunca, nunca jamás, para golpearnos.
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