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Lecturas y Liturgia del 21 de Noviembre de 2016

Lecturas del Lunes de la 34ª semana del Tiempo Ordinario

Fuente Ciudad Redonda
MISA DEL DIA  http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_307.mp3



Primera lectura
Lectura del libro del Apocalipsis (14,1-3.4b-5):

Yo, Juan, miré y en la visión apareció el Cordero de pie sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban grabado en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre. Oí también un sonido que bajaba del cielo, parecido al estruendo del océano, y como el estampido de un trueno poderoso; era el son de arpistas que tañían sus arpas delante del trono, delante de los cuatro seres vivientes y los ancianos, cantando un cántico nuevo. Nadie podía aprender el cántico fuera de los ciento cuarenta y cuatro mil, los adquiridos en la tierra. Éstos son los que siguen al Cordero adondequiera que vaya; los adquirieron como primicias de la humanidad para Dios y el Cordero. En sus labios no hubo mentira, no tienen falta.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 23,1-2.3-4ab.5-6

R/. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R/.

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,1-4):

En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo: «Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Lunes de la 34ª semana del Tiempo Ordinario



GENEROSIDAD DE LOS POBRES
(Ap 14,1-3. 4b-5; Lc 21,1-4)

Introducción
Los que no han cedido a la atracción, o incluso a la persecución, del paganismo y de los poderes de este mundo (Imperio Romano) forman el “Resto” de Dios, marcados con el signo de Cristo y del Padre. Han sido leales a él, pues han preferido la pobreza de Cristo más que el poder, el prestigio o la seguridad personal. No traicionaron su identidad como cristianos. Nuestra Primera Lectura nos los presenta alabando a Dios en una liturgia celeste.
Evangelio. La viuda del evangelio de hoy va más allá de la Ley. En su generosidad no sólo da todo lo que tiene; ella sólo tiene lo que ha entregado. Los pobres con frecuencia saben bien cómo dar, porque saben lo que significa ser pobres y dependientes; saben cómo vivir en las manos de Dios.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro, Padre generoso:
El pueblo sencillo con frecuencia nos avergüenza
por su total generosidad y sincera lealtad.
Danos, Señor, la gracia de percatarnos
de que, como tu Hijo,
los verdaderamente pobres de corazón
con frecuencia nos muestran quién eres tú:
Un Dios que se da a sí mismo.
Danos también a nosotros
esa clase de lealtad y de amor generoso
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones

Señor, te pedimos por los huérfanos y las viudas. Protégelos contra la desesperación, y a nosotros haznos atentos a su necesidad de amor y compasión. Por eso te decimos:
R/ Escúchanos, Señor.
Señor, te pedimos por todos los pobres que sienten inseguridad acerca del día siguiente. Que sepamos compartir generosamente con ellos, llevándoles ayuda eficaz, seguridad y amor. Por eso te decimos:
R/ Escúchanos, Señor.
Señor, te pedimos por esta nuestra comunidad. Ayúdanos a aprender de los pobres a ser lo bastante generosos para compartir no sólo de nuestra abundancia, sino también, si es necesario, de nuestra propia pobreza. Por eso te decimos:
R/ Escúchanos, Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios misericordioso: Cuando tú quisiste
que alguien sufriera o muriera por el pecado
para que nosotros tuviéramos vida,
elegiste a tu propio Hijo
y él lealmente aceptó.
Oh Dios generoso, que te das a ti mismo:
Acepta estos dones de pan y vino, aunque sean pobres,
porque en ellos ponemos nuestra propia generosidad
con la esperanza de que tú vas a incrementarla,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro, Padre generoso:
Señor Dios nuestro, Padre generoso:
Tú vienes a nosotros en tu Hijo Jesucristo
no en la forma ostentosa como un ricachón visitaría
un barrio marginado y subdesarrollado,
sino en la forma humilde como un pobre comparte
con los que son también pobres como él.
Acepta nuestra acción de gracias
por darte tú a ti mismo
y manifestar en Jesús toda la abundancia de tu amor,
con un respeto infinito a nuestra pobreza humana.
Acepta nuestros sentimientos de gratitud
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Cristo se entregó a sí mismo para otorgar a los hombres reconciliación y felicidad. Los cristianos habríamos de aprender de él a darnos a nosotros mismos sin contar el costo. Para eso le pedimos que nos bendiga.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.


Comentario del Lunes de la 34ª semana del Tiempo Ordinario

Severiano Blanco, cmf
Presentación de María. Ap 14,1-5; Lc 21,1-4.

Queridos Hermanos:

Entramos en la última semana del Año Litúrgico; el próximo domingo iniciaremos ya el tiempo de Adviento. Y los textos de las celebraciones intentan situarnos también “al final”, en lo último de la existencia personal y de la historia humana y del cosmos. Ayer, fiesta de Jesucristo Rey del Universo, le contemplábamos justamente como Señor de cuanto existe, como “el punto Omega”, aquel hacia el cual tiende todo: “Todo fue creado por él y para él”, nos dice un himno cristológico antiquísimo, incluido en la carta a los Colosenses (Col 1,16).

En esta semana, la primera lectura se tomará todos los días del Apocalipsis, libro compuesto en un estilo literario muy peculiar, casi siempre simbólico, pero no oscuro. En el lenguaje corriente el adjetivo “apocalíptico” suele usarse mal. Es una palabra griega que significa sencillamente manifestación, revelación. Y el género literario apocalípticos no es de amenaza, desgracias y destrucción, sino todo lo contrario; los escritos apocalípticos del Antiguo y Nuevo Testamento tienen siempre finalidad consoladora, pues surgieron para suscitar esperanza en medio de situaciones de sufrimiento. Lo que se revela en ellos es el proyecto paternal de Dios de llevar a sus elegidos al gozo desbordante e interminable, que en el texto de hoy se nos dibuja como una solemne liturgia festiva. Los creyentes aparecen inmersos en un ambiente de adoración, canto, música… en la gratificante presencia de Dios y del Cordero vencedor…

Todo nos habla del triunfo final del bien, de que a éste se reserva la última palabra. Lo cantamos en un himno litúrgico actual: “que, si arduos son nuestros caminos, sabemos bien a dónde vamos”. Exactamente ese era es el mensaje dirigido a la comunidad perseguida de Patmos, isla en que surge el Apocalipsis; y es el mensaje a las de nuestro tiempo, a veces perseguidas cruentamente (próximo Oriente), o sencillamente despreciadas, ridiculizadas, a veces calumniadas… (Occidente). No perdamos de vista lo que nos aguarda.

El texto de Lc 21 es bastante heterogéneo con el de Apocalipsis; se trata de una anécdota edificante, independiente incluso de su contexto actual en el evangelio, pero muy del gusto del este evangelista. Él suele subrayar los elogios de Jesús para con los marginados, entre los cuales estaba la mujer; y también le caracteriza su insistencia en la práctica de la limosna. El pasaje, por tanto, no puede ser más lucano. Pero leído junto al Apocalipsis adquiere una nueva connotación: el mundo futuro ya está presente en el actual. Hay corazones compasivos, solidaridad, y presencia de un Mesías que se alegra con esa realidad... Se cumple lo de otro cántico bien conocido: “cuando el pobre nada tiene y aún reparte…va Dios mismo en nuestro mismo caminar”. La gran promesa del Apocalipsis es la aparición de la ciudad de los elegidos en la que Dios convivirá con ellos (Ap 21,3). El texto evangélico nos muestra, con un ejemplo bien sencillo, que eso ya es realidad.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf
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