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Lecturas y Liturgia del 24 de Noviembre de 2016

Lecturas del Jueves de la 34ª semana del Tiempo Ordinario

Fuente: Ciudad redonda
MISA DEL DIA http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_310.mp3

Jueves, 27 de noviembre de 2014
Primera lectura
Lectura del libro del Apocalipsis (18,1-2.21-23;19,1-3.9a):


Yo, Juan, vi un ángel que bajaba del cielo; venía con gran autoridad y su resplandor iluminó la tierra.
Gritó a pleno pulmón: «¡Cayó, cayó la gran Babilonia! Se ha convertido en morada de demonios, en guarida de todo espíritu impuro, en guarida de todo pájaro inmundo y repugnante.»
Un ángel vigoroso levantó una piedra grande como una rueda de molino y la tiró al mar, diciendo: «Así, de golpe, precipitarán a Babilonia, la gran metrópoli, y desaparecerá. El son de arpistas y músicos, de flautas y trompetas, no se oirá más en ti. Artífices de ningún arte habrá más en ti, ni murmullo de molino se oirá más en ti; ni luz de lámpara brillará más en ti, ni voz de novio y novia se oirá más en ti, porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra, y con tus brujerías embaucaste a todas las naciones.»
Oí después en el cielo algo que recordaba el vocerío de una gran muchedumbre; cantaban: «Aleluya. La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios, porque sus juicios son verdaderos y justos. Él ha condenado a la gran prostituta que corrompía a la tierra con sus fornicaciones, y le ha pedido cuenta de la sangre de sus siervos.»
Y repitieron: «Aleluya. El humo de su incendio sube por los siglos de los siglos.»
Luego me dice: «Escribe: "Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero."»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 99,2.3.4.5


R/. Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R/.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre. R/.

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.» R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san 
Lucas (21,20-28):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora. Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Jueves de la 34ª semana del Tiempo Ordinario

Jueves, 27 de noviembre de 2014
FE EN UN DIOS QUE SALVA
(Ap 18,1-2. 21-23; 19,1-3. 9a; Lc 21, 20-28)

Introducción


En el año 539 a.c. el Rey Darío había tomado la gran ciudad de Babilonia que había acogido a los judíos en exilio. El imperio de Antíoco se derrumbó. --- Así mismo, la nueva Babilonia, la ciudad de Roma, que está persiguiendo a la joven iglesia, caerá, y los cristianos cantarán abiertamente su alabanza a Dios.
Evangelio. La destrucción de Jerusalén y los signos de desastre en la naturaleza son para nosotros signos de las pruebas de la vida cristiana y del difícil establecimiento del reino de Dios en medio del pueblo. Pero no olvidemos que nosotros mismos también retrasamos este reino, por nuestro egoísmo, por nuestra hambre de poder, por todo el mal que nos infligimos los unos a los otros. Y aun así, nuestros exiguos esfuerzos positivos ayudarán a acercar más la salvación. Con la ayuda de Cristo presente entre nosotros, podemos crecer en el amor, perdón, compasión, justicia, paz. Deberíamos mantener nuestras cabezas alzadas en esperanza.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Somos tu pueblo en marcha,
que trata de llevar a cabo la tarea
de modelar aquí en el mundo tu reino de amor y paz.

Cuando nos sintamos desalentados y con miedo,
mantennos firmes caminando en esperanza.
Haznos estar siempre vigilantes en oración
para que percibamos los signos de la venida de tu Hijo.

Que Jesús camine con nosotros ya ahora
en el camino que él mismo nos ha trazado,
para que nos conduzca hacia ti, nuestro Dios vivo,
que vives y reinas por los siglos de los siglos

Intenciones

Señor Jesús, cuando estemos confundidos y desalentados, dinos con firmeza: “Levántense y alcen la cabeza, porque su salvación se acerca”; por eso te rogamos.
Señor Jesús, haznos gente de confianza y esperanza, no de miedo y de temor; por eso te rogamos.
Señor Jesús, por la gente desesperada de sí misma y del sentido de su vida; dales valor y esperanza; por eso te rogamos.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios de nuestra esperanza:
Como prenda de tus promesas
tú nos das a tu Hijo Jesucristo
en estos signos de pan y vino
que ahora ofrecemos sobre el altar.

No te pedimos una vida sin riesgos ni problemas,
sino que sepamos hacer nuestra la visión nueva de tu Hijo
de un mundo donde tú estés presente.

Que logremos asimilar el valor y la fuerza de tu Hijo
para responder con nuestras mismas vidas a tu llamado,
que nos convoca a construir un mundo nuevo y mejor
en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro, Padre misericordioso:
Tú nos has dicho hoy tu palabra de esperanza
y renovado nuestra fuerza con el pan de vida de tu Hijo.

Libera nuestra fe de toda trivialidad y rutina
y envíanos, con tu Hijo,
a restaurar la integridad y el amor en nuestro mundo
y a reavivar la confianza de que con él
podemos modelar un futuro mejor
más allá de las expectativas humanas,
ya que el futuro te pertenece a ti,
Dios de la vida y el amor.
Concédenoslo por Cristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: El mensaje de hoy en el evangelio era: Mantengan bien alta la cabeza con esperanza. Sigan esperando cuando haya guerra y violencia, cuando haya injusticia y corrupción generalizadas, cuando haya por doquier odio y discriminación. Sigan esperando, por que hay un futuro consolador. Cristo está con nosotros, y con él, con su poder salvador, podemos acabar con el mal en nosotros y en nuestro mundo. Mantengan la cabeza bien alta.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Comentario del Jueves de la 34ª semana del Tiempo Ordinario

Severiano Blanco, cmf
Queridos hermanos:

Con gran probabilidad, cuando el autor del Apocalipsis escribe “Babilonia” está pensando en el imperio romano, que es entonces el poder pagano que oprime a la Iglesia. Al final de la primera carta de Pedro, escrita seguramente en Roma, se envían igualmente saludos desde Babilonia. Es un nombre que, desde el exilio israelita en el siglo VI antes de Cristo, se convirtió en cifra o sinónimo de lugar de opresión.

El Apocalipsis intenta situarnos en el futuro, disfrutarlo ya prolépticamente, y lo hace a base del simbolismo de la desaparición de Babilonia. Capítulos más adelante, para hablar de la redención consumada, dirá que apareció “un cielo nuevo y una tierra nueva, y el mar no existía ya” (Ap 21,1); el mar, habitado por el monstruo Leviatán, era otro símbolo del mal. Cada autor sagrado tiene su opción pedagógica; San Pablo, en vez de echar mano de ese lenguaje apocalíptico, opta por el “silencio”: “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni subió a la imaginación humana lo que Dios tiene preparado para los que le aman” (1Cor 2,9).

En la descripción de la destrucción de Jerusalén, nuestro evangelista completa datos del discurso profético de Jesús con otros que él conoce por historia reciente; escribe cuando ya Palestina ha sido cruelmente masacrada por los ejércitos romanos en la guerra de los años 67-74. Y esa descripción de carácter histórico se completa luego con la de cataclismos cósmicos o conmoción del universo. Es otro modo de visualizar la majestad de Dios y su señorío sobre cuanto existe: “De miedo se paraliza la tierra cuando Dios se pone en pie para juzgar”, dice el Salmo 76, v. 9. Se trata de un sobrecogimiento que al creyente le lleva a la adoración y al rebelde a la desesperación.

Las calamidades de la historia y las catástrofes del cosmos son vistas por el cristiano como misteriosos procesos de purificación, de los cuales él sabe que saldrá airoso. La conclusión del pasaje es, como todos estos días, consoladora: el poder y la gloria del Hijo del Hombre no son aplastantes, sino salvíficos; el creyente en Jesús “levanta la cabeza”, pues se sabe redimido. En el primer escrito del Nuevo Testamento, primera carta a Tesalónica, Pablo define la esperanza cristiana como un aguardar de los cielos a Jesús Resucitado, “el que nos libra en el juicio que está para llegar” (1Tes 1,10).

La gloria aparecida en el texto del Apocalipsis es la clave para abordar los desastres históricos y cósmicos pasajeros. Aun en medio de ellos, nos toca pasearnos por el mundo “con la cabeza bien alta”. El verdadero creyente nunca es un atormentado, sino un consolado y fuente de consuelo para muchos. Ojalá nunca nos reprochen lo que el filósofo Nietzsche reprochaba a los cristianos de su tiempo: “para que yo creyese en su Redentor tendrían que cantar otras canciones y sus discípulos deberían parecer más redimidos”. Ojalá lo parezcamos, iluminados por la gloria del Dios que se nos acerca.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf
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