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Lecturas y Liturgia del 25 de Noviembre de 2016

Lecturas del Viernes de la 34ª semana del Tiempo Ordinario

Fuente: Ciudad redonda
MISA DEL DIA http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_311.mp3

Viernes, 28 de noviembre de 2014
Primera lectura
Lectura del libro del Apocalipsis (20,1-4.11-15):

Luego vi a un Angel que bajaba del cielo y tenía en su mano la llave del Abismo y una gran cadena. Dominó al Dragón, la Serpiente antigua –que es el Diablo y Satanás– y lo encadenó por mil años. Lo arrojó al Abismo, lo encerró y puso encima los sellos, para que no seduzca más a las naciones hasta que se cumplan los mil años. Después tiene que ser soltado por poco tiempo. Luego vi unos tronos, y se sentaron en ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los que fueron decapitados por el testimonio de Jesús y la Palabra de Dios, y a todos los que no adoraron a la Bestia ni a su imagen, y no aceptaron la marca en su frente o en su mano; revivieron y reinaron con Cristo mil años. Luego vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado sobre él. El cielo y la tierra huyeron de su presencia sin dejar rastro. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono; fueron abiertos unos libros, y luego se abrió otro libro, que es el de la vida; y los muertos fueron juzgados según lo escrito en los libros, conforme a sus obras. Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras. La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego –este lago de fuego es la muerte segunda– y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 83

R/. Ésta es la morada de Dios con los hombres

Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo. R/.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos,
Rey mío y Dios mío. R/.

Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza:
caminan de baluarte en baluarte. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,29-33):

En aquel tiempo puso Jesús una comparación a sus discípulos: «Fijaos en la higuera o en cualquier árbol: cuando echan brotes, os basta verlos para saber que la primavera está cerca. Pues cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el Reino de Dios. Os aseguro que, antes que pase esta generación, todo eso se cumplirá. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Viernes de la 34ª semana del Tiempo Ordinario

Viernes, 28 de noviembre de 2014
EL REINO DE DIOS ESTÁ CERCA
(Ap 20,1-4, 11-15; 21,1-2; Lc 21, 29-33)

Introducción

El Libro del Apocalipsis nos da hoy una visión de esperanza: Dios finalmente saldrá victorioso; las fuerzas del mal serán encadenadas para siempre; el justo reinará con Dios; un nuevo cielo y una nueva tierra aparecerán; el nuevo pueblo de Dios (la nueva Jerusalén) será puro. Tenemos que ser conscientes de que la vida eterna está ya obrando en la vida de los bautizados, y la gente misma ayuda al alumbramiento de un mundo nuevo. Como dice Jesús, tenemos que percatarnos de cómo estas cosas están ya sucediendo ahora.
Evangelio. Los fieles deberían conservar la esperanza con paciencia: El reino de Dios está cerca. No solamente hay signos de desesperanza como conflictos y tensiones, que surgen tanto desde dentro del pueblo de Dios como desde fuera, sino que también hay signos de esperanza; y nosotros deberíamos percibirlos.

Oración Colecta
Oh Dios del tiempo y de la eternidad:
Tú nos has confiado a nosotros, a tu pueblo,
tu proyecto de amor sobre la gente y el mundo.
No permitas que hagamos retrasar tus planes
por nuestras propias limitaciones.
Haznos conscientes de que lo único que podemos hacer
es ser levadura, y ser un signo
de que la planta que tú has sembrado crecerá.
Consérvanos esperando con paciencia
que la integridad, el amor y la justicia
lleguen como don tuyo,
cuando tú quieras, al tiempo por ti designado,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Para que busquemos siempre signos de esperanza cuando la vida se hace difícil y nuestra fe entre en crisis, roguemos al Señor.
Para que continuemos siempre esperando en que el Señor, Jesús, esté siempre con nosotros hasta el fin del tiempo, roguemos al Señor.
Para que aceptemos que es difícil para el reino de Dios abrirse paso y llevar justicia, amor y paz a todos, roguemos al Señor

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios de las promesas:

Para destruir los poderes del mal
tu Hijo vino no como un rey triunfante,
sino como el “Hijo del Hombre” sufriente.
Por medio de este pan y de este vino que ahora te ofrecemos
queremos unir nuestro destino al suyo.

Que aprendamos de él,
cuyo aparente fracaso en la cruz condujo a la victoria,
a aceptar con paciencia y esperanza
las tensiones de nuestro tiempo
y el lento crecimiento de tu reino;
porque sabemos que guardas fielmente
tus promesas de vida eterna, de amor y felicidad
por Jesucristo nuestro Señor..

Oración después de la Comunión
Señor, Dios de esperanza:

Tú nos has dado un hermoso sueño,
una linda utopía y una bella tarea:
la de tu reino eterno de fraternidad, amor y alegría;
pero estamos interiormente divididos
entre desaliento y esperanza
porque esa tarea está por encima de nuestras fuerzas.

Gracias por reavivar nuestras expectativas
por medio del pan y vino de tu Hijo en la eucaristía.

Ayúdanos a desarrollarnos como pueblo nuevo
a través de nuestras luchas y tensiones
por la fuerza de aquél a quien diste
soberanía, reinado y gloria,
Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: A veces los no_creyentes dicen que los cristianos miran al cielo porque no saben ni pueden tratar con el mundo. Cristo nos dice que tenemos que tratar con el mundo y que tenemos que transformarlo, para trabajar por la consecución de “un nuevo cielo y una nueva tierra”. Intentemos hacer eso con la bendición de Dios todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Comentario del Viernes de la 34ª semana del Tiempo Ordinario

Comentario: Diácono D. Evaldo PINA FILHO (Brasilia, Brasil)
Cuando veáis que sucede esto, sabed que el Reino de Dios está cerca


Hoy somos invitados por Jesús a ver las señales que se muestran en nuestro tiempo y época y, a reconocer en ellas la cercanía del Reino de Dios. La invitación es para que fijemos nuestra mirada en la higuera y en otros árboles —«Mirad la higuera y todos los árboles» (Lc 21,29)— y para fijar nuestra atención en aquello que percibimos que sucede en ellos: «Al verlos, sabéis que el verano está ya cerca» (Lc 21,30). Las higueras empezaban a brotar. Los brotes empezaban a surgir. No era apenas la expectativa de las flores o de los frutos que surgirían, era también el pronóstico del verano, en el que todos los árboles "empiezan a brotar".

Según Benedicto XVI, «la Palabra de Dios nos impulsa a cambiar nuestro concepto de realismo». En efecto, «realista es quien reconoce en el Verbo de Dios el fundamento de todo». Esa Palabra viva que nos muestra el verano como señal de proximidad y de exuberancia de la luminosidad es la propia Luz: «Cuando veáis que sucede esto, sabed que el Reino de Dios está cerca» (Lc 21,31). En ese sentido, «ahora, la Palabra no sólo se puede oír, no sólo tiene una voz, sino que tiene un rostro (...) que podemos ver: Jesús de Nazaret» (Benedicto XVI).

La comunicación de Jesús con el Padre fue perfecta; y todo lo que Él recibió del Padre, Él nos lo dio, comunicándose de la misma forma con nosotros. De esta manera, la cercanía del Reino de Dios, —que manifiesta la libre iniciativa de Dios que viene a nuestro encuentro— debe movernos a reconocer la proximidad del Reino, para que también nosotros nos comuniquemos con el Padre por medio de la Palabra del Señor —Verbum Domini—, reconociendo en todo ello la realización de las promesas del Padre en Cristo Jesús.

Comentario: + Rev. D. Albert TAULÉ i Viñas (Barcelona, España)
El Reino de Dios está cerca


Hoy Jesús nos invita a mirar cómo brota la higuera, símbolo de la Iglesia que se renueva periódicamente gracias a aquella fuerza interior que Dios le comunica (recordemos la alegoría de la vid y los sarmientos, cf. Jn 15): «Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya echan brotes, al verlos, sabéis que el verano está ya cerca» (Lc 21,29-30).

El discurso escatológico que leemos en estos días, sigue un estilo profético que distorsiona deliberadamente la cronología, de manera que pone en el mismo plano acontecimientos que han de suceder en momentos diversos. El hecho de que en el fragmento escogido para la liturgia de hoy tengamos un ámbito muy reducido, nos da pie a pensar que tendríamos que entender lo que se nos dice como algo dirigido a nosotros, aquí y ahora: «No pasará esta generación hasta que todo esto suceda» (Lc 21,32). En efecto, Orígenes comenta: «Todo esto puede suceder en cada uno de nosotros; en nosotros puede quedar destruida la muerte, definitiva enemiga nuestra».

Yo quisiera hablar hoy como los profetas: estamos a punto de contemplar un gran brote en la Iglesia. Ved los signos de los tiempos (cf. Mt 16,3). Pronto ocurrirán cosas muy importantes. No tengáis miedo. Permaneced en vuestro sitio. Sembrad con entusiasmo. Después podréis recoger hermosas gavillas (cf. Sal 126,6). Es verdad que el hombre enemigo continuará sembrando cizaña. El mal no quedará separado hasta el fin de los tiempos (cf. Mt 13,30). Pero el Reino de Dios ya está aquí entre nosotros. Y se abre paso, aunque con mucho esfuerzo (cf. Mt 11,12).

El Papa Juan Pablo II nos lo decía al inicio del tercer milenio: «Duc in altum» (cf. Lc 5,4). A veces tenemos la sensación de no hacer nada provechoso, o incluso de retroceder. Pero estas impresiones pesimistas proceden de cálculos demasiado humanos, o de la mala imagen que malévolamente difunden de nosotros algunos medios de comunicación. La realidad escondida, que no hace ruido, es el trabajo constante realizado por todos con la fuerza que nos da el Espíritu Santo.
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