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Lecturas y Liturgia del 7 de Diciembre de 2016

Lecturas del Miércoles de la 2ª semana de Adviento

Fuente: Ciudad Redonda
MISA DEL DIA      http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA      http://evangeli.net/_mp3/daily/es/I_24.mp3

Miércoles, 7 de diciembre de 2016
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (40,25-31):


«¿A quién podéis compararme, que me asemeje?», dice el Santo. Alzad los ojos a lo alto y mirad: ¿Quién creó aquello? El que cuenta y despliega su ejército y a cada uno lo llama por su nombre; tan grande es su poder, tan robusta su fuerza, que no falta ninguno. Por qué andas hablando, Jacob, y diciendo, Israel: «Mi suerte está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa»? ¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído?
El Señor es un Dios eterno y creó los confines del orbe. No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia. Él da fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido; se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas corno las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 102,1-2.3-4.8.10



R/. Bendice, alma mía, al Señor

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R/.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,28-30):


En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Miércoles de la 2ª semana de Adviento

Miércoles, 10 de diciembre de 2014
FUERZA DE LOS CANSADOS
(Is 40,25-31; Mt 11,28-30)

Introducción
El Dios todopoderoso está cerca de los débiles. Éste es el mensaje de hoy. A los desterrados, que se sentían abandonados de Dios, y que veían el poder de Babilonia y el supuesto poder de sus dioses, el Dios de Israel les proclama a través del profeta: Yo soy el Dios todopoderoso. Confíen en mí y cuenten conmigo; a ustedes les haré fuertes.
Jesús asume para sí mismo estos poderes, y dice: Vengan a mí ustedes, los pequeños, los humildes que están agobiados por leyes en nombre de la religión, y yo, que me he hecho pequeño y humilde con ustedes, les fortaleceré y les enseñaré a amar; y entonces sus cargas serán livianas.





Oración Colecta
Oh Dios, omnipotente y eterno:
A veces no sabemos
dónde estás, o hacia dónde nos encaminamos.
Cuando nuestras cargas sean demasiado pesadas de llevar,
ayúdanos a seguir buscándote
y enséñanos a volvernos humildes de nuevo,
para que estemos abiertos a la fuerza que tú nos das
por medio de aquél
que aceptó estar cansado con los fatigados,
Jesucristo, nuestro Señor.
por los siglos de los siglos.


Intenciones

Para que el Señor elimine de nuestros corazones toda soberbia y toda aspereza, y nos haga amables y humildes, roguemos al Señor.
Para que animemos a los débiles y les apoyemos para que sean valientes en el Señor, roguemos al Señor.
Para que auxiliemos a otros, amigos y enemigos, ayudándoles a llevar las pesadas cargas de la vida, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor, Dios todopoderoso:
Con frecuencia miramos lejos
buscándote a ti y anhelando tu fuerza
y olvidamos que estás tan cerca de nosotros,
en tu Hijo y en los hermanos.

Fortalécenos con el pan de vida de Jesús,
tu Hijo en medio de nosotros.
Haz que afrontemos la vida con ánimo y valor,
ya que tú la has hecho digna de vivirse
por medio de los buenos hermanos que nos rodea
y por el mismo Jesucristo,
que vive contigo y con nosotros
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Oh Dios de bienestar y de fuerza:
En esta eucaristía
tú nos has dirigido tu palabra refrescante
y renovado nuestro ánimo
con el cuerpo y la sangre de tu Hijo.

De todo corazón te damos gracias.
Ayúdanos, a cambio,
a hacernos cercanos a nuestros prójimos necesitados
y a ser refugio de descanso para los cansados de la vida.
Haz que sepamos aceptar con alegría tu yugo,
que con amor es más fácil de llevar.
Y ayúdanos a aliviar mutuamente nuestras cargas
por tu Hijo, que vive para siempre con nosotros,
Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Aun siendo débiles a veces, aprendemos a llevar con fortaleza nuestras cargas cuando nos percatamos de que el Señor está íntimo a nosotros y de que podemos siempre contar con él.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.


Comentarios del Miércoles de la 2ª semana de Adviento

Comentario: Rev. D. Bernat GIMENO i Capín (Barcelona, España)
Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios...

Hoy, cuando vemos que en nuestra vida no sabemos qué hemos de esperar, cuando a veces perdemos la ilusión porque no nos atrevemos a mirar más allá de nuestras deficiencias, cuando estamos alegres por ser fieles a Jesucristo y, a la vez, inquietos o lánguidos por no saborear los frutos de nuestra misión apostólica, el Señor quiere que nos preguntemos como Juan Bautista: «¿Debemos esperar a otro?» (Lc 7,20).

Está claro, el Señor es “listo”, y quiere aprovechar esta incertidumbre —por cierto, de lo más normal— para que hagamos examen de toda nuestra vida, veamos nuestras deficiencias, nuestros esfuerzos, nuestras enfermedades... y, así, nos reafirmemos en nuestra fe y multipliquemos “infinitamente” nuestra esperanza.

El Señor no tiene límites a la hora de cumplir su misión: «Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios...» (Lc 7,22). ¿Dónde tengo puesta mi esperanza? ¿Dónde tengo situada mi alegría? Porque la esperanza está íntimamente relacionada con la alegría interior. El cristiano, como es natural, ha de vivir como una persona normal de la calle, pero siempre con los ojos puestos en Cristo, que no falla nunca. Un cristiano no puede vivir su vida al margen de la de Cristo y de su Evangelio. Centremos nuestra mirada en Él, que todo lo puede, absolutamente todo, y no pongamos límites a nuestra esperanza. «En Él encontrarás mucho más de lo que puedes desear o pedir» (San Juan de la Cruz).

La liturgia no es un “juego sagrado”, y la Iglesia nos da este tiempo de Adviento porque quiere que cada creyente reanime en Cristo la virtud de la esperanza en su vida. Frecuentemente, la perdemos porque confiamos demasiado en nuestras fuerzas y no queremos reconocernos “enfermos”, necesitados de la mano sanadora del Señor. Pero así ha de ser, y como Él nos conoce y sabe que todos estamos hechos de la misma “pasta”, nos ofrece su mano salvadora. —Gracias, Señor, por sacarme del barro y llenarme de esperanza el corazón.
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