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Lecturas y Liturgia del 9 de Diciembre de 2016

Lecturas del Viernes de la 2ª semana de Adviento

Fuente:  Ciudad redonda
MISA DEL DIA http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://evangeli.net/_mp3/daily/es/I_17.mp3

Viernes, 9 de diciembre de 2016
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (48,17-19):


Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: «Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues. Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar; tu progenie sería como arena, como sus granos, los vástagos de tus entrañas; tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 1,1-2.3.4.6


R/. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

Será como un árbol plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,16-19):


En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado." Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Tiene un demonio." Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores." Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Jueves de la 2ª semana de Adviento

Jueves, 11 de diciembre de 2014
DIOS SALVA A LOS POBRES
(Is 41,13-20; Mt 11,11-15)


Introducción
Es alentador oír, en estos días de Adviento, un fuerte y repetido mensaje de ánimo y aliento. En esto es precisamente en lo que creemos, si confiamos en la cercanía de Dios en la persona de su Hijo Jesucristo. Cuando la gente es pobre y vive afligida, Dios está cerca como su Salvador, es decir, Dios es alguien que está vinculado a ellos con lazos íntimos de afecto, y que con toda seguridad vendrá a asistirles. Los pobres son los que confían en él. Él les promete un nuevo paraíso. Aun los más pequeños en su reino son más grandes que el mayor y último de los profetas, Juan el Bautista.


Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú no abandonas a los que confían en ti.
Tómanos de la mano cuando tengamos miedo,
ayúdanos cuando te llamemos a voz en grito,
porque tenemos experiencia de que somos impotentes
para establecer en este mundo tu reino de justicia y amor.
Envíanos hoy de nuevo a tu Hijo
para que sea nuestro Señor y Salvador
ahora y por los siglos de los siglos.

Intenciones
Por los timoratos que piensan que son demasiado pequeños y despreciables como para que Dios se preocupe de ellos, para que se percaten de que el Dios cristiano, como un buen padre y una buena madre, siente inmenso cariño por ellos, roguemos al Señor.
Por los ricos y poderosos, para que sean sensibles a los derechos y a las necesidades de sus hermanos más pobres y desposeídos, roguemos al Señor.
Por los profetas que viven aquí entre nosotros, para que en nombre de Dios nos recuerden que tenemos que hablar claro y alzarnos a favor de los sin-voz y de los oprimidos, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Te presentamos con gozo
estos humildes dones de pan y vino.
Que en estos signos del compartir
tu Hijo se haga presente entre nosotros
y nos dé el valor y ánimo
para tomar tu reino por asalto,
para que nosotros, que somos impotentes y fácilmente desalentados,
nos comprometamos con él
a llevar esperanza a los pobres y humildes.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor, Dios y Padre nuestro;
Somos el nuevo pueblo de tus promesas.
Te pedimos nos concedas ser lo bastante humildes
para no buscar nuestros caminos tercos y egoístas,
sino más bien estar abiertos a ti y confiar en ti.
Recuerda, Señor, que somos tuyos
y que, en cierto modo, tenemos derecho a tu ayuda,
ya que nos amas en Jesucristo, tu Hijo,
que es Señor nuestro
ahora y por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: A nosotros también nos dice Dios hoy: “Yo, el Señor tu Dios, agarro con cariño tu mano derecha y te digo, ‘No temas, que te voy a ayudar’.” --- Que ojalá seamos conscientes del cuidado cariñoso de Dios por todos sus hijos
Y que la bendición del mismo Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Comentario del Viernes de la 2ª semana de Adviento

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)
¿Con quién compararé a esta generación?

Hoy debiéramos removernos ante el suspiro del Señor: «Con quién compararé a esta generación?» (Mt 11,16). A Jesús le aturde nuestro corazón, demasiadas veces inconformista y desagradecido. Nunca estamos contentos; siempre nos quejamos. Incluso nos atrevemos a acusarle y a echarle la culpa de lo que nos incomoda.

Pero «la Sabiduría se ha acreditado por sus obras» (Mt 11,19): basta contemplar el misterio de la Navidad. ¿Y nosotros?; ¿cómo es nuestra fe? ¿No será que con esas quejas tratamos de encubrir la ausencia de nuestra respuesta? ¡Buena pregunta para el tiempo de Adviento!

Dios viene al encuentro del hombre, pero el hombre —particularmente el hombre contemporáneo— se esconde de Él. Algunos le tienen miedo, como Herodes. A otros, incluso, les molesta su simple presencia: «Fuera, fuera, crucifícalo» (Jn 19,15). Jesús «es el Dios-que-viene» (Benedicto XVI) y nosotros parecemos "el hombre-que-se-va": «Vino a los suyos y los suyos no le recibieron» (Jn 1,11).

¿Por qué huimos? Por nuestra falta de humildad. San Juan Bautista nos recomendaba "menguarnos". Y la Iglesia nos lo recuerda cada vez que llega el Adviento. Por tanto, hagámonos pequeños para poder entender y acoger al "Pequeño Dios". Él se nos presenta en la humildad de los pañales: ¡nunca antes se había predicado un "Dios-con-pañales"! Ridícula imagen damos a la vista de Dios cuando los hombres pretendemos encubrirnos con excusas y falsas justificaciones. Ya en los albores de la humanidad Adán lanzó las culpas a Eva; Eva a la serpiente y…, habiendo transcurrido los siglos, seguimos igual.

Pero llega Jesús-Dios: en el frío y la pobreza extrema de Belén no vociferó ni nos reprochó nada. ¡Todo lo contrario!: ya empieza a cargar sobre sus pequeñas espaldas todas nuestras culpas. Entonces, ¿le vamos a tener miedo?; ¿de verdad van a valer nuestras excusas ante ese "Pequeño-Dios"? «La señal de Dios es el Niño: aprendamos a vivir con Él y a practicar también con Él la humildad» (Benedicto XVI).

Comentario: Rev. D. Pere GRAU i Andreu (Les Planes, Barcelona, España)
La Sabiduría se ha acreditado por sus obras

Hoy reparamos en que muy frecuentemente hemos de ir a entierros. Pero... pocas veces pensamos en nuestro propio funeral. Viene a ser como una jugada del subconsciente que pospone sine die la propia muerte.

La misma contemplación del ritmo de la naturaleza que nos rodea nos recuerda también este hecho. Deducimos que —en cierto modo— no estamos tan distantes de una planta, de un ser vivo... Estamos sometidos, tanto si nos gusta como si no, a la misma ley natural de las criaturas que nos rodean. Con la diferencia, ¡importante!, del origen de nuestra vida, de la vida a imagen y semejanza de Dios, con proyección de eternidad.

Todo el Adviento está informado por esta idea. El Señor llega con gran esplendor a visitar a su pueblo, con la paz, comunicándole la vida eterna. Es un toque de alerta: «La Sabiduría se ha acreditado por sus obras» (Mt 11,19). ¡Tengamos una actitud receptiva ante el Señor!

«Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas» (Mc 1,3), se anunciaba en la dominica II de Adviento (ciclo B). ¡Vigilad con las conductas sociales!, nos viene a decir hoy. Es como si dijera: «No pongáis trabas a la comunicación amorosa de Dios».

Hemos de pulir nuestro carácter. Hemos de reconstruir nuestra manera de hacer. Todo aquello que, en definitiva, falsea nuestra responsabilidad: el orgullo, la ambición, la venganza, la dureza de corazón, etc. Aquellas actitudes que nos hacen como dioses del poder en el mundo, sin querer reconocer que no somos los amos del mundo. Somos una pequeñez dentro de la extensa historia de la Humanidad.

Los discípulos de Juan experimentaban la purificación de sus errores. Nosotros, los discípulos de Jesús, nuestro Amigo, podemos vivir la insuperable experiencia de la purificación de todo aquello que es pecado, con esperanza de vida eterna: ¡otra Navidad!

Renovemos nuestro diálogo con Él. Hagamos nuestra oración de esperanza y amor, sin hacer caso del ruido mundanal que nos envuelve.
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