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Lecturas y Liturgia del 5 de Marzo de 2017

Lecturas del Sábado de la 3ª semana de Cuaresma

Fuente: Ciudad Redonda
MISA:http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/cuaresma_04.mp3

Sábado, 5 de marzo de 2016
Primera lectura
Lectura de la profecía de Oseas (6,1-6):

Resultado de imagen para Vamos a volver al Señor. Porque él ha desgarrado y él nos curará; él nos ha golpeado,Vamos a volver al Señor. Porque él ha desgarrado y él nos curará; él nos ha golpeado, y él nos vendará.
En dos días nos volverá a la vida y al tercero nos hará resurgir; viviremos en su presencia y comprende¬remos.
Procuremos conocer al Señor. Su manifestación es segura como la aurora. Vendrá como la lluvia, como la lluvia de primavera y su sentencia surge como la luz que empapa la tierra.
- «¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá?
Vuestro amor es como nube mañanera, como el rocío que al alba desaparece. Sobre una roca tallé mis mandamientos; los castigué por medio de los profetas con las palabras de mi boca. Mi juicio se manifestará como la luz. Quiero misericordia y no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 50,3-4.18-19.20-21ab

Resultado de imagen para Quiero misericordia, y no sacrificios  Misericordia, Dios mío, por tu bondad,R/. Quiero misericordia, y no sacrificios

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios
es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos. R.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,9-14):

Resultado de imagen para En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a a algunos que confiabanEn aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y
despreciaban a los demás:
- «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba
así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos,
adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo
que tengo".
El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador".
Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Sábado de la 3ª semana de Cuaresma

Sábado, 5 de marzo de 2016
DIOS VE LO QUE HAY EN NOSOTROS
(0s 6,1-6; Lc 18,9-14)

Introducción
Resultado de imagen para DIOS VE LO QUE HAY EN NOSOTROSNo podemos salvarnos sólo por ritos y prácticas exteriores. El pecado se perdona, y la felicidad se encuentra, en un encuentro personal de amor con Dios. Si reconocemos que somos pecadores, personas que a veces hemos fallado y que podríamos portarnos mejor, reconocemos que nuestro amor es todavía muy limitado y que, por tanto, hay espacio para el crecimiento. Dios venda nuestras heridas y nos aúpa a la vida. Él nos salva de nuestra incapacidad y de nuestro descalabro. Él mismo nos hace crecer en la vida cristiana y en el seguimiento de Jesús.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú, tú mismo nos recuerdas
a través de tus santos
que todas nuestras prácticas religiosas,
incluso este sacrificio eucarístico,
no tienen ningún valor
si los usamos para doblegarte a nuestro proyecto egoísta.
Oh Dios, que nos acerquemos a ti
con humildad y arrepentimiento,
listos y dispuestos a encontrarte con amor
y volver a tu camino,
dejando nuestros tortuosos senderos.
Acéptanos, como a hijos e hijas tuyos que somos,
junto con Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Intenciones
Para que reconozcamos humildemente ante el Señor que somos mujeres y hombres heridos espiritualmente, necesitados de curación interior, roguemos al Señor.
Para que no nos preocupemos en exceso de cumplir observancias externas, sino más bien de que nuestra vida y nuestras obras sean sinceras y transparentes a los ojos de Dios y a los de los hermanos, roguemos al Señor.
Para que no presumamos nunca ante el Señor de lo que hemos hecho por él, sino que reconozcamos agradecidos lo mucho que él ha hecho por nosotros, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
No nos hemos reunido juntos aquí
para justificarnos ante ti
o para jactarnos infantilmente de nuestros méritos.
Te pedimos con toda sencillez, Señor,
que nos aceptes como somos,
con nuestra buena voluntad,
nuestros torpes esfuerzos
y nuestras mediocres y poco entusiastas conversiones.
Acéptanos junto con el valioso sacrificio de tu Hijo,
que siempre está con nosotros
y vive y reina contigo
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Oh Padre de nuestro Señor Jesucristo:
Hemos celebrado en esta eucaristía con tu Hijo
el memorial de su sacrificio.
Danos ahora fuerza y determinación
para convertir nuestra vida de cada día
en una prueba viva
de que somos uno con él
y de que le queremos seguir en el camino,
a través de la muerte hacia la vida plena.
Que él permanezca siempre con nosotros
ahora y por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Dios nos curará y vendará nuestras heridas.
No nos jactemos de nosotros mismos,
sino regocijémonos por el amor paciente
y por la bondad sin límites del Señor hacia nosotros.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

Comentario al Evangelio del 

Carlos Latorre, cmf
¡Buenos días, amigos!

El tema que la Palabra de Dios nos propone hoy lo ha expresado con toda claridad el Papa Francisco en múltiples ocasiones: “La esencia del cristianismo es reconocerse necesitado de la misericordia de nuestro Padre Dios”. Sólo así conseguimos vivir de verdad nuestra fe como creyentes.

El amor y el perdón de Dios son la gran novedad que proclama el salmo de hoy. Es bueno orar con él cuando nos sentimos abrumados por nuestras culpas. Necesitamos de la bondad de un Dios Padre que nos abraza y nos perdona absolutamente todo, siempre, sin cansarse.

A veces nos hacemos la pregunta: ¿Qué tengo que hacer para merecer el perdón de Dios? ¿Cómo estaré seguro de que Dios me ha perdonado? ¿Es suficiente con confesarse?

Para responder a esas preguntas Jesús dijo la parábola que leemos hoy.

Algunos, teniéndose por justos, santos y limpios, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás. Cumplían a cabalidad una serie de normas y preceptos y por eso se sentían con todo el derecho de presentar en su oración una especie de «cobro» a Dios.

Jesús desenmascara esta actitud y abiertamente declara perdonado al hombre que delante de Dios se siente pecador, necesitado del amor y de la compasión divina. Mientras que el otro, el fariseo, no logra el perdón, porque cree que no la necesita y por tanto, no lo pide.

Si uno pide con fe, el Señor siempre nos escucha:

“El único sobreviviente de un naufragio fue visto sobre una pequeña isla. Estaba orando fervientemente y pidiendo a Dios que lo rescatara, y todos los días revisaba el horizonte buscando ayuda, pero ésta nunca llegaba.

Aburrido y para pasar el rato empezó a construir una pequeña cabaña para protegerse y proteger sus pocas pertenencias. Un día, después de andar buscando comida por el interior de la isla, regresó y encontró la pequeña choza en llamas, el humo subía hacia el cielo...Todo lo poco que tenía se había perdido. Desesperado, cayó de rodillas en la playa y le gritó a Dios:

-“Dios mío, ¿cómo pudiste hacerme esto?

Y se quedó dormido por la tristeza sobre la arena.

Temprano, a la mañana siguiente, escuchó asombrado la sirena de un barco que se acercaba a la isla. Al principio creyó que se trataba de un sueño. Pero ante el repetido sonar de la sirena, se convenció de que era verdad: ¡¡¡venían a rescatarlo!!!

Una pequeña lancha se acercó hasta la orilla y unos marineros lo invitaron a subir.

El pobre náufrago sólo acertó a preguntar:

-Pero, señores, ¿cómo supieron que yo estaba aquí perdido?

-Vimos las señales de humo que nos hiciste, respondieron ellos.

Nuestro Padre Dios siempre está a nuestro favor y hasta las cosas más difíciles se pueden convertir en una bendición”.

Vuestro hermano en la fe.
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es
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