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Lecturas y Liturgia del 30 de Junio de 2017

Lecturas del Viernes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

Fuente: Ciudad Redonda
MISA: http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_113.mp3

Viernes, 30 de junio de 2017
Primera lectura
Lectura del libro del Génesis (17,1.9-10.15-22):

Resultado de imagen para Cuando Abrán tenía noventa y nueve años, se le apareció el Señor y le dijo: «Yo soy el Dios Saday
Cuando Abrán tenía noventa y nueve años, se le apareció el Señor y le dijo: «Yo soy el Dios Saday. Camina en mi presencia con lealtad.»
Dios añadió a Abrahán: «Tú guarda mi pacto, que hago contigo y tus descendientes por generaciones. Éste es el pacto que hago con vosotros y con tus descendientes y que habéis de guardar: circuncidad a todos vuestros varones.»
Dios dijo a Abrahán: «Saray, tu mujer, ya no se llamará Saray, sino Sara. La bendeciré, y te dará un hijo, y lo bendeciré; de ella nacerán pueblos y reyes de naciones.»
Abrahán cayó rostro en tierra y se dijo sonriendo: «¿Un centenario va a tener un hijo, y Sara va a dar a luz a los noventa?»
Y Abrahán dijo a Dios: «Me contento con que te guardes vivo a Ismael.»
Dios replicó: «No; es Sara quien te va a dar un hijo, a quien llamarás Isaac; con él estableceré mi pacto y con sus descendientes, un pacto perpetuo. En cuanto a Ismael, escucho tu petición: lo bendeciré, lo haré fecundo, lo haré multiplicarse sin medida, engendrará doce príncipes y haré de él un pueblo numeroso. Pero mi pacto lo establezco con Isaac, el hijo que te dará Sara el año que viene por estas fechas.»
Cuando Dios terminó de hablar con Abrahán, se retiró.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 127,1-2.3.4-5

R/. Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,1-4):

Resultado de imagen para En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente. En esto, se le acercó un leprosoEn aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.
En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.»
Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero, queda limpio.»
Y en seguida quedó limpio de la lepra.
Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Viernes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

Viernes, 30 de junio de 2017
UN CORAZÓN COMPASIVO

Introducción

Primera Lectura Dios renueva sus promesas con Abrahán.

Evangelio: Inmediatamente después del Sermón de la Montaña, Mateo nos narra una serie de milagros de Jesús. El primero de ellos es el evangelio de hoy: la curacíón de un leproso. Jesús había hablado con poder, ahora actúa con poder; Jesús había hablado de la ley del amor, ahora él mismo lo pone en práctica en un acto de ayuda compasiva a un marginado y proscrito. Tengamos presente que en la Biblia la lepra está unida muy de cerca al pecado, y que es como un signo físico del mismo pecado. Honremos a nuestro Señor, Jesús. en su compasión y perdón.

Colecta
Señor Dios, Padre nuestro: Tu Hijo Jesús nos reveló tu amor, compasivo y sanador. Que su presencia aquí en medio de nosotros nos llene con su poder de compartir las miserias de nuestro prójimo. Que nuestras palabras sean como bálsamo sobre heridas abiertas en sus corazones y que nuestras acciones traigan curación a todos los que nos rodean. Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor.

Intenciones
Con todos los que buscan perdón y reconciliación, clamamos a ti, Señor; y con todos los que han encontrado perdón y que también saben perdonar, te damos gracias, Señor.
R/ Señor, escucha nuestra oración.
Con todos los rechazados y excluidos por sus comunidades, clamamos a ti, Señor; y con todos los que acogen a sus hermanos y restauran su dignidad, te alabamos, Señor.
R/ Señor, escucha nuestra oración.
Con todos los que ocultan con soberbia sus sufrimientos, clamamos a ti, Señor; y con todos los que los comparten humildemente con los demás y los inspiran, te alabamos, Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro: Tú eres bueno para con nosotros. Con estos dones de pan y vino te ofrecemos ahora el sacrificio de Jesús que con su muerte nos otorgó tu perdón. Reconcílianos contigo y con los hermanos y sigue limpiándonos de la lepra de la soberbia y de la dureza de corazón, que desfiguran en nosotros el rostro de Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro: Tu Hijo Jesús nos ha hablado a nosotros con palabras y acciones de curación. Él ha respondido con el don de sí mismo a nuestra súplica de perdón y de nueva esperanza en nuestra vida. Haznos a nosotros capaces también de tender bondadosamente nuestras manos a los que penan y padecen, y de tocarlos con nuestro amor. Y que nuestra ayuda compasiva alcance sobre todo a los afligidos, marginados y excluidos de este nuestro frío mundo. Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.

Bendición
Puesto que hemos pecado, nosotros también deberíamos acercarnos a Dios para decirle: “Señor, tú puedes limpiarme”; él está muy dispuesto a hacerlo, porque nos ama y repetidamente nos sana. -Ojalá nosotros también sepamos curar y fortalecer a los hermanos que nos rodean. Con la bendición de Dios todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Comentario del Viernes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

«Señor, si quieres puedes limpiarme»
Rev. D. Xavier ROMERO i Galdeano
(Cervera, Lleida, España)

Hoy, el Evangelio nos muestra un leproso, lleno de dolor y consciente de su enfermedad, que acude a Jesús pidiéndole: «Señor, si quieres puedes limpiarme» (Mt 8,2). También nosotros, al ver tan cerca al Señor y tan lejos nuestra cabeza, nuestro corazón y nuestras manos de su proyecto de salvación, tendríamos que sentirnos ávidos y capaces de formular la misma expresión del leproso: «Señor, si quieres puedes limpiarme» (Mt 8,2).

Ahora bien, se impone una pregunta: Una sociedad que no tiene conciencia de pecado, ¿puede pedir perdón al Señor? ¿Puede pedirle purificación alguna? Todos conocemos mucha gente que sufre y cuyo corazón está herido, pero su drama es que no siempre es consciente de su situación personal. A pesar de todo, Jesús continúa pasando a nuestro lado, día tras día (cf. Mt 28,20), y espera la misma petición: «Señor, si quieres...» (cf. Mt 8,2). No obstante, también nosotros debemos colaborar. San Agustín nos lo recuerda en su clásica sentencia: «Aquél que te creó sin ti, no te salvará sin ti». Es necesario, pues, que seamos capaces de pedir al Señor que nos ayude, que queramos cambiar con su ayuda.

Alguien se preguntará: ¿por qué es tan importante darse cuenta, convertirse y desear cambiar? Sencillamente porque, de lo contrario, seguiríamos sin poder dar una respuesta afirmativa a la pregunta anterior, en la que decíamos que una sociedad sin conciencia de pecado difícilmente sentirá deseos o necesidad de buscar al Señor para formular su petición de ayuda.

Por eso, cuando llega el momento del arrepentimiento, el momento de la confesión sacramental, es preciso deshacerse del pasado, de las lacras que infectan nuestro cuerpo y nuestra alma. No lo dudemos: pedir perdón es un gran momento de iniciación cristiana, porque es el momento en que se nos cae la venda de los ojos. ¿Y si alguien se da cuenta de su situación y no quiere convertirse? Dice un refrán popular: «No hay peor ciego que el que no quiere ver».
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