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Lecturas y Liturgia del 4 de Julio de 2017

Lecturas de hoy Martes de la 13ª semana del Tiempo Ordinario

Fuente: Ciudad Redonda
MISA: http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/0313TO.mp3

Hoy, martes, 4 de julio de 2017
Primera lectura
Lectura del libro del Génesis (19,15-29):


Resultado de imagen para En aquellos días, los ángeles urgieron a Lot: «Anda, toma a tu mujer y a esas dos hijas tuyas, para que no perezcan por culpa de Sodoma.»En aquellos días, los ángeles urgieron a Lot: «Anda, toma a tu mujer y a esas dos hijas tuyas, para que no perezcan por culpa de Sodoma.»
Y, como no se decidía, los agarraron de la mano, a él, a su mujer y a las dos hijas, a quienes el Señor perdonaba; los sacaron y los guiaron fuera de la ciudad.
Una vez fuera, le dijeron: «Ponte a salvo; no mires atrás. No te detengas en la vega; ponte a salvo en los montes, para no perecer.»
Lot les respondió: «No. Vuestro siervo goza de vuestro favor, pues me habéis salvado la vida, tratándome con gran misericordia; yo no puedo ponerme a salvo en los montes, el desastre me alcanzará y moriré. Mira, ahí cerca hay una ciudad pequeña donde puedo refugiarme y escapar del peligro. Como la ciudad es pequeña, salvaré allí la vida.»
Le contestó: «Accedo a lo que pides: no arrasaré esa ciudad que dices. Aprisa, ponte a salvo allí, pues no puedo hacer nada hasta que llegues.»
Por eso la ciudad se llama La Pequeña. Cuando Lot llegó a La Pequeña, salía el sol. El Señor, desde el cielo, hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra. Arrasó aquellas ciudades y toda la vega con los habitantes de las ciudades y la hierba del campo. La mujer de Lot miró atrás y se convirtió en estatua de sal. Abrahán madrugó y se dirigió al sitio donde había estado con el Señor. Miró en dirección de Sodoma y Gomorra, toda la extensión de la vega, y vio humo que subía del suelo, como el humo de un horno. Así, cuando Dios destruyó las ciudades de la vega, arrasando las ciudades donde había vivido Lot, se acordó de Abrahán y libró a Lot de la catástrofe.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 25,2-3.9-10.11-12

Resultado de imagen para Tengo ante los ojos, Señor, tu bondad  Escrútame, Señor, ponme a prueba,
R/. Tengo ante los ojos, Señor, tu bondad

Escrútame, Señor, ponme a prueba,
sondea mis entrañas y mi corazón,
porque tengo ante los ojos tu bondad,
y camino en tu verdad. R/.

No arrebates mi alma con los pecadores,
ni mi vida con los sanguinarios,
que en su izquierda llevan infamias,
y su derecha está llena de sobornos. R/.

Yo, en cambio, camino en la integridad;
sálvame, ten misericordia de mí.
Mi pie se mantiene en el camino llano;
en la asamblea bendeciré al Señor. R/.

Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,23-27):


Resultado de imagen para En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron.En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.
Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: «¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!»
Él les dijo: «¡Cobardes! ¡Qué poca fe!»
Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma.
Ellos se preguntaban admirados: «¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!»

Palabra del Señor

Liturgia Diaria Martes de la 13ª semana del Tiempo Ordinario

Hoy, martes, 4 de julio de 2017
EN VIENTO Y EN TORMENTA

Introducción

Evangelio.
Resultado de imagen para En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron.Tenemos que reconocer la presencia del Señor y seguir confiando en él cuando las tormentas rugen dentro de nosotros y a nuestro alrededor, en nuestro mundo, y nos amenazan con tragarnos y hacernos gritar: “Señor, ¿dónde estás?” Pueden ser las tormentas de la tentación, las dudas, los miedos y temores relacionados con nuestra fe, la amenazada lealtad. Los vientos de cambio también pueden ser como ruidosos huracanes que sacuden la barca de la Iglesia, antes de que podamos alcanzar las aguas tranquilas de una Iglesia renovada. El Señor está ahí, no deberíamos tener miedo.

Colecta
Señor Dios nuestro: Tu Hijo Jesucristo calmó nuestras vacilaciones con palabras de reprensión: “¿Por qué tienen ustedes miedo, hombres de poca fe?” Haz que esa débil fe crezca robusta en nosotros. Cercióranos plenamente de que tú estás con nosotros en tu creación, en la oscuridad y en la noche, en el viento huracanado y en la tormenta, incluso en las profundidades de la muerte; porque tú eres el Dios que dijo: “Yo soy el que soy; y estoy ahí para ustedes”, ahora y por los siglos de los siglos.



Intenciones
Por la Iglesia de Jesucristo, para que su fe y amor no se tambaleen en las dificultades y tormentas de nuestro tiempo. Oremos.
Por marineros y pescadores, para que el mar les sea tranquilo y apacible, y generoso en captura de pescado; también por todos los que viajan por mar, para que puedan alcanzar su destino sanos y salvos. Oremos.
Por nosotros mismos, para que nunca tengamos miedo, ya que sabemos con certeza que Jesús está con nosotros, y así nos mantengamos serenos y en paz. Oremos.

Oración sobre las Ofrendas
Hemos preparado este pan y este vino para acoger a tu Hijo que se hace presente en medio de nosotros. Que sepamos reconocer su presencia y seguir fiándoos de él en nuestros éxitos humanos. Pero que ningún éxito, por grande que sea, nos induzca a olvidar que sin Jesús no podemos hacer nada, y que este mundo es creación tuya y que podemos ser totalmente humanos solamente en Cristo Jesús, que vive y vivirá contigo y con nosotros por los siglos de los siglos.





Oración después de la Comunión
Padre de nuestro Señor Jesucristo: ¿En qué otro deberíamos confiar sino en Jesús, nuestro Dios-con-nosotros? Que él navegue con nosotros para retar y hacer frente a las olas y enfrentarnos al corazón de la tormenta. Que, cuando él está con nosotros, aunque aparentemente dormido, no tengamos miedo de comprometernos con tu mar, de remar mar adentro, porque estamos seguros de que Jesús nos llevará a tu puerto seguro de justicia y de paz, él que vive y reina por los siglos de los siglos.


Bendición.
“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?” Confiémonos de todo corazón al Señor. Con él podemos vencer todas las dificultades. Que Dios todopoderoso les bendiga, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
El material que aquí te ofrecemos está tomado de la obra del P. Camilo Marivoet, cicm y publicada en Filipinas por Claretian Publications (en inglés) con el título de LITURGY ALIVE. La traducción y adaptación es del P. Carmelo Astiz, misionero claretiano.

Comentario al Evangelio de hoy 

Enrique Martínez, cmf
¡PUES NO SE HUNDE!

El miedo llamó a mi puerta.
La fe fue a abrir.
No había nadie. (M Luther King)

Jesús subió a la barca. Aunque la barca pueda tener su simbolismo en el Evangelio, en primer lugar es una barca, el «lugar» donde habitualmente están los pescadores, una parte importante de su vida cotidiana. Le gusta a Jesús estar donde está la gente, y compartir con ellos su tiempo, sus preocupaciones, incluso sus riesgos. Otras veces andará entre los campos, con los sembradores, o se sentará a ver cómo una mujer prepara el pan, o barre su casa...

Podríamos decir hoy: Jesús se metió en la fábrica, en el sindicato, se subió al avión, se dio un paseo por los astilleros, se sentó a charlar con los jóvenes que estaban de botellón, se metió en un campamento de refugiados, se acercó a la orilla donde llegan las pateras, se dio una vuelta por la salida del colegio cuando terminaban las clases, se fue a tomar unas cañas con unos abuelos, se puso de conversación con un grupo de gays...

Es curioso que no dice el Evangelio que se fuera a acompañar a los discípulos cuando iban de pesca, sino que son los discípulos los que le siguen a él. Es Jesús quien ha decidido «meterse» en la barca. Y ellos le siguen. Esta palabra «seguimiento» es importante en todo el Evangelio, y en particular aquí, después de que Jesús ha hecho algunas llamadas y ha explicado a sus «seguidores» en qué consiste esto de «seguirle». Y parece que Jesús quisiera hacerles caer en la cuenta de que tienen que ir con él a donde suele estar la gente. O si se prefiere: los discípulos son aquellos que siguen a Jesús a donde a él le gusta meterse: en la vida cotidiana y en los lagos/lugares «difíciles». ¿Y qué le pasa al que sigue a Jesús «así»?

De pronto se levanta una tempestad, se alborota el mar. Decía Rilke: "nunca estamos del todo en nuestra casa en este mundo que creemos haber dominado". ¡La tempestad es compañía obligada de la travesía humana! Pero lo es mucho más de la pequeña comunidad cristiana, del discípulo. Porque cuando uno se mete en ciertos «lagos», lo normal es que pueda «salpicarte» en mayor o menor medida. Quien frecuenta ciertas compañías, se arriesga a tener problemas: los mismos que tienen muchos hermanos todos los días. No: ser discípulo detrás de Jesús no es nada fácil.

Y aparece el miedo: ¿y ahora qué? ¿quién nos mandaría embarcarnos, con lo bien que se estaba en la orilla? El miedo parece ser la reacción «normal» de los discípulos, y la sensación de que «esto se hunde». Recuerdo una canción de Ismael Serrano:

Vio y sintió la noche del planeta y su desastre,
tuvo miedo y decidió no salir a la calle.
Y ahí lo tienes encerrado en casa,
temblando como un niño,
sellando las ventanas,
para no ver, ni escuchar,
sentir, notar la vida estallando fuera.

No querer saber de las «noches», no querer salir a la calle, encerrarse en el pequeño grupo, ponerse a la defensiva, sellar puertas y ventanas para no ver, ni escuchar, ni sentir... nos ha hecho siempre mucho daño a la Iglesia. Cuánta falta nos hacen los Juan XIII abriendo puertas y ventanas para que entre la luz y el aire fresco... y cuánto nos sobran los que se empeñan en poner cerrojos, contraventanas, trancas y demás para evitar que nos molesten los temporales.

Ante semejante tentación, viene el reproche de Jesús: ¡Qué cobardes, y desconfiados sois! Precisamente porque lo que distingue al discípulo de Jesús y su vida difícil del resto de los hombres es la fe que les permite la valentía y la confianza en medio de la tormenta, aunque parezca que el Señor está dormido y que no hace nada. El discípulo gritará su oración: ¡Señor, sálvanos! Y cuando a él le parezca, llegará la calma perfecta. En todo caso, después de aquel terremoto del Gólgota (Mt 27, 50), el discípulo sabe que está salvado. Por eso el miedo, la cobardía, el quedarse «seguros» en la orilla, el creer que «esto se hunde» o que no tiene salida... no es sino desconfianza, falta de fe...

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