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Lecturas y Liturgia del 7 de Agosto de 2017

Lecturas del Lunes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

Fuente: Ciudad Redonda
MISA: http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_163.mp3

Lunes, 7 de agosto de 2017
Primera lectura
Lectura del libro de los Números (11,4b-15):

Resultado de imagen para Números (11,4b-15)
En aquellos días, los israelitas dijeron: «¡Quién pudiera comer carne! Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, y de los pepinos y melones y puerros y cebollas y ajos. Pero ahora se nos quita el apetito de no ver más que maná.»
El maná se parecía a semilla de coriandro con color de bedelio; el pueblo se dispersaba a recogerlo, lo molían en el molino o lo machacaban en el almirez, lo cocían en la olla y hacían con ello hogazas que sabían a pan de aceite. Por la noche caía el rocío en el campamento y, encima de él, el maná.
Moisés oyó cómo el pueblo, familia por familia, lloraba, cada uno a la entrada de su tienda, provocando la ira del Señor; y disgustado, dijo al Señor: «¿Por qué tratas mal a tu siervo y no le concedes tu favor, sino que le haces cargar con todo este pueblo? ¿He concebido yo a todo este pueblo o lo he dado a luz, para que me digas: "Coge en brazos a este pueblo, como una nodriza a la criatura, y llévalo a la tierra que prometí a sus padres"? ¿De dónde sacaré pan para repartirlo a todo el pueblo? Vienen a mí llorando: "Danos de comer carne." Yo solo no puedo cargar con todo este pueblo, pues supera mis fuerzas. Si me vas a tratar así, más vale que me hagas morir; concédeme este favor, y no tendré que pasar tales penas.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 80,12-13.14-15.16-17
Resultado de imagen para Aclamad a Dios, nuestra fuerza  Mi pueblo no escuchó mi voz,
R/. Aclamad a Dios, nuestra fuerza

Mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,
para que anduviesen según sus antojos. R/.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!
En un momento humillaría a sus enemigos
y volvería mi mano contra sus adversarios. R/.

Los que aborrecen al Señor te adularían,
y su suerte quedaría fijada;
te alimentaría con flor de harina,
te saciaría con miel silvestre. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,13-21):


En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos.
Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.»
Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.»
Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.»
Les dijo: «Traédmelos.»
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Lunes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

Lunes, 7 de agosto de 2017
TÚ NOS DAS NUESTRO ALIMENTO

Resultado de imagen para En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de JuanEn las semanas 18 y 19 la Primera Lectura se toma de los libros de los Números y Deuteronomio. Describe la marcha del pueblo de Dios a través del desierto, con las pruebas del difícil viaje, las tentaciones de desaliento, la falta de fe y de confianza, las necesidades materiales y materialísticas, las infidelidades a la Alianza y las quejas contra Dios y contra los líderes. --- Tenemos que aprender a situar esas lecturas en el contexto de nuestro itinerario a través de la vida como cristianos, nuestros desiertos particulares con sus tentaciones, dificultades y quejas.

Colecta
Oh Dios, Padre bondadoso y compasivo:
Tú enviaste a tu Hijo Jesucristo para alimentar
a todos los que tienen hambre, material o espiritual.
Haznos compasivos
para con todos los pobres de nuestros días.
Enséñanos a verlos y ser sensibles a sus necesidades,
a sufrir con ellos, a compartir sus angustias,
a vendar sus heridas y a calmar sus hambres y ansiedades..
Danos fortaleza para hacer todo esto
en virtud de la fuerza que Jesús nos da en cada eucaristía,
al dársenos como incomparable alimento.
Te lo pedimos por el mismo Cristo, nuestro Señor.

Intenciones
Por el papa, los obispos y sacerdotes, para que, proclamando con convicción y ardor el mensaje de la Buena Nueva del Señor, satisfagan el hambre multiforme de la gente: hambre de pan y de saber, de amor y justicia, de verdad y esperanza, roguemos al Señor.
Por los gobernantes y líderes políticos del mundo, por los científicos y economistas, para que colaboren en resolver el problema del hambre en el mundo y en ofrecer a un mundo con hambre no solo alimento material, sino también dignidad, respeto, justicia y paz, Roguemos al Señor.
Por los enfermos y los que se sienten solos, por los discapacitados y desalentados, por los que tienen hambre de amor y de aceptación social, para que nuestra sensibilidad y amor sean para ellos signos vivientes de que Dios no los abandona. Roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Te damos gracias por este pan y este vino
y por hacerlos signos vivos
de la presencia de tu Hijo entre nosotros.
Traemos ante ti, por medio de Jesús,
las hambres, los nobles anhelos
y las aspiraciones de todos.
Que Jesús multiplique aquí y ahora para nosotros
en esta santa eucaristía,
el pan de vida que nos haga fuertes
y el vino de alegría que nos dé esperanza.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la comunión
Oh Dios, Padre nuestro:
Por medio del pan de vida de tu Hijo Jesucristo
multiplica en nosotros la capacidad para amar.
Danos valor para poner en práctica
las palabras que tu Hijo nos ha dirigido:
“Ustedes mismos, denles ustedes de comer”.
Ayúdanos a compartir con ellos
no solo nuestro pan y otras cosas materiales,
sino también nuestra alegría y compasión,
nuestras esperanzas y nuestro amor.
Te lo pedimos en nombre del mismo Jesús el Señor.

Bendición
Hermanos: El que Jesús comparta generosamente con nosotros el alimento de sí mismo –su cuerpo y sangre – en la eucaristía, tiene doble significado para nosotros: Primero, que tenemos que preocuparnos por los hambrientos y desposeídos, y hacer lo que podamos para ayudarles; y segundo, que nosotros también nos comprometemos y nos entregamos los unos a los otros, poniéndonos al servicio de todos.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Comentario del Lunes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

«Levantando los ojos al cielo...»
Rev. D. Xavier ROMERO i Galdeano
(Cervera, Lleida, España)

Hoy, el Evangelio toca nuestros “bolsillos mentales”... Por esto, como en tiempos de Jesús, pueden aparecer las voces de los prudentes para sopesar si vale la pena tal asunto. Los discípulos, al ver que se hacía tarde y que no sabían cómo atender a aquel gentío reunido en torno a Jesús, encuentran una salida airosa: «Que vayan a los pueblos y se compren comida» (Mt 14,15). Poco se esperaban que su Maestro y Señor les fuera a romper este razonamiento tan prudente, diciéndoles: «Dadles vosotros de comer» (Mt 14,16).

Un dicho popular dice: «Quien deja a Dios fuera de sus cuentas, no sabe contar». Y es cierto, los discípulos —nosotros tampoco— no sabemos contar, porque olvidamos frecuentemente el sumando de mayor importancia: Dios mismo entre nosotros.

Los discípulos realizaron bien las cuentas; contaron con exactitud el número de panes y de peces, pero al dividirlos mentalmente entre tanta gente, les salía casi un cero periódico; por eso optaron por el realismo prudente: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces» (Mt 14,17). ¡No se percatan de que tienen a Jesús —verdadero Dios y verdadero hombre— entre ellos!

Parafraseando a san Josemaría, no nos iría mal recordar aquí que: «En las empresas de apostolado, está bien —es un deber— que consideres tus medios terrenos (2 + 2 = 4), pero no olvides ¡nunca! que has de contar, por fortuna, con otro sumando: Dios + 2 + 2...». El optimismo cristiano no se fundamenta en la ausencia de dificultades, de resistencias y de errores personales, sino en Dios que nos dice: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

Sería bueno que tú y yo, ante las dificultades, antes de dar una sentencia de muerte a la audacia y al optimismo del espíritu cristiano, contemos con Dios. Ojalá que podamos decir con san Francisco aquella genial oración: «Allí donde haya odio que yo ponga amor»; es decir, allí donde no salgan las cuentas, que cuente con Dios.
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